Anarconihilismo institucional

Consideramos que la pléyade de quienes tutelan la representatividad, políticos en unidad de acción constituyendo una facción o casta, en función de una legalidad en las formas, propalada por un sistema cultural, emplazado en lo educativo y lo comunicacional, actúan en forma anárquica y nihilista, dentro del montaje escenográfico, anclado en la idea reminiscente de la democracia originaria y suscripta por las pasajes más románticos de los textos de los contratistas, pero que en verdad es el discurrir de sus apetencias más instintivas dentro de un marco del que nos exigen creer y sostener como institucional.

 

Acerca del Anarcohilismo como concepto, social y político.

El movimiento literario y cultural, denominado “Anarconihilismo” nació en los finales del año 2000, producto del amalgamiento del pensar y del actuar, de un grupo de iniciados en las letras y en la intelectualidad, que realizaron el sincretismo entre anarquía y nihilismo, no para definir sus posturas personales o sus ideologías teñidas de una natural rebeldía adolescente, sino para definir un estado de situación que, meses más tarde se concretaría en la Argentina, anárquica y sumida en el infierno, tal como la hubo de definir, en el instante de su asunción, el Senador a cargo de la presidencia, Eduardo Duhalde.

La Argentina era anarcohilista, los fundadores del movimiento sólo ofrecieron el diagnóstico y con ello bautizaron a la enfermedad.

Mediante la revista “Derechos y Humanos”, el movimiento divulgaba sus acciones y pensamientos, en una editorial de sus cuatro números, se afirmaba lo siguiente:

“Pareciera que la ciudadanía en general, pretende vivir en un estado ilusorio, en paisajes de fábulas, decoradas por siniestras metáforas. Este laberinto plagado de mentiras, minado de falacias y forjado por el engaño, amenaza con ser el hábitat por naturaleza del hombre de los tiempos que corren. No es nuestra intención utilizar la crítica como finalidad, anhelamos la concreción de efectivas respuestas a oportunos problemas. No es nuestro deseo el abanderarnos en perspectivas políticas, económicas o religiosas, apoyamos la frase definir es limitar. No buscamos las banas luces de las cámaras, ni la gloria de la eternidad, nuestra lucha no posee objetivos determinados o alcanzables. El anarconihilismo ronda, como cuál aparición fantasmagórica por sobre una cruel realidad, para cuando el fantasma tome entidad, será demasiado tarde, tal como acostumbra a llegar la humanidad”.

 

Insurrectos civiles, locos, bohemios románticos y cientos de epítetos, cosecharon en aquellos tiempos los fundadores del movimiento, quiénes a tal punto llevaron a cabo sus convicciones, que vivían en una oficina del centro porteña, sin muebles, sólo con colchones que reposaban en húmedas y roídas alfombras, que soportaban montículos de ropa comunitaria y cientos y cientos de libros. El lugar, no tenía servicio de agua, ni luz. Una mezcla de olor, a vela derretida y a cuerpo sudoroso, entre tantos aromas no deseables, atestiguaba el compromiso moral, que tenían para sí, quiénes construían, con su propia decadencia personal, el profético movimiento cultural que denunciaba que nadie creía en nada y que de tal manera, muy bien no se iba a terminar.

La edición en blanco y negro, que difundía los textos de los anarconihilistas, se componía de una variedad de géneros, tales como; obra de teatro, ensayo, poesía, cuento, extractos de nóvelas, tiras cómicas e ilustraciones. Es aún recordada, una puesta de dibujo, en el atril de una iglesia, donde tres personajes, caracterizados como sacerdotes, pero con los rostros del cantante Rodrigo Bueno, el futbolista Diego Maradona y el guerrillero Ernesto Guevara, se mostraban como santos al público, y en el pie de página del retrato, se lee la frase de Marx “La religión es el opio de los pueblos”. Se constituye en una verdadera mutilación, el extrapolar determinados textos logrados por estos prohombres, pero en rigor del rescate que se merece una gesta que aún no termino de cosechar todos los frutos, que la intelectualidad le debe, se ofrece a continuación un parlamento de un personaje de la obra teatral “Bienvenidos al Infierno”.  “Creemos en una verdad, malformando la esencia anarquista del hombre, depositamos esperanzas y tiempo en un supuesto progreso, contradiciendo el nihilismo radical de nuestra constitución, pecamos y no sufrimos por ello, nuestra condena es simplemente ser humanos, demasiado humanos”. Como toda empresa cultural, en tiempos donde el frío monetarismo zahiere la posibilidad de pensar y reflexionar, los anarcohilistas se toparon con la dificultad de subsistir, día a día, a costa de mala alimentación, venta de elementos varios y hasta el riesgosos cobro de un impuesto revolucionario (a limitados sujetos), consiguieron que tal forma de ver el mundo y de vivirlo, no se constituyera en una utopía, sino que fuera una verdad, que meses más tarde se generalizaría, al menos por un mes, tras el trágico diciembre negro de la Argentina. Sí bien, el decadentismo, el nadísmo, combinado con la negatividad del no progreso y la ausencia de expectativas positivas, que denunciaban los hacedores, traspasaba los límites geográficos de la república de Borges, tampoco dejaban pasar, la vertiente social o política del propio país, tal como lo certifica la recopilación que se transcribe, bajo el título “La vergüenza de ser Argentino”: “Si hoy lamentamos la desaparición de 30.000 argentinos es básicamente porque más de 20 millones prefirieron esconderse tras las puertas del descreimiento, del orden y la tranquilidad familiar. Hasta las instituciones premiaron la oclusión de las voces a fuerza de picana, las inexistentes acciones, o acaso ¿Cómo respondió la Iglesia?, o ¿Cuántos periodistas, notables hoy, forjaron sus éxitos en aquel pasado?, o ¿no es verdad que el único mundial de fútbol se realizó en el `78? O ¿Cuántos artistas prefirieron exiliarse para salvar sus pellejos y dejar de lado sus ideales? ¿Y del Argentino común que hay?, ¿Cuántos sentían en la calle que algo raro pasaba y optaban por no creer?, ¿Cuántos se enardecían de temor al ver circular un falcón sin patente?, pero claro, llenaron las canchas en el mundial, asistían a misa y compraban las noticias de una prensa cómplice y hasta colmaron la plaza de mayo al grito las alvinas son argentinas”. Otro de los tantos costos, que tuvieron que solventar los miembros fundadores, fue la acción persecutoria que padecieron, desde la aparición de la revista, por parte de seguramente organismos de inteligencia del estado, que enviaban a las conocidas “estampillas (en el espionaje el que sigue sin despegarse)”, para completar el socio-ambiental (datos concretos de los espiados), para finalmente intentar lo imposible; averiguar los objetivos de la organización. La cuestión telúrica (objetivos finales) no era ni siquiera un aspecto a tratar entre los Anarconihilistas, ellos simplemente estaban allí, para denunciar lo que luego ocurrió, la debacle por todos vivida y por muy pocos visualizada un tiempo atrás.

Quedan muchos aspectos insondables, transformados en mitos, como: el uso o no de algún tipo de estupefacientes por alguno de los miembros, las preferencias de todo tipo de los mismos, y demás perspectivas sumamente nimias, que lamentablemente, siguen y seguirán siendo el caldo de cultivo de medios y de lectores.

El Anarconihilismo, se extendió en las provincias del Sur de la Argentina y tuvo su correlato en México, España y Ecuador (un licenciado en filosofía impuso su tesis, haciendo eje en este concepto, referenciando a Bakunin y Ciorán), tal como el gen que hizo nacer el movimiento, que dentro mismo contenía el disparador de la desintegración, para con ello, generar las más diversas y estrafalarias concepciones de la libertad, volcada al arte, el pensamiento o a la simple existencia.

Vale destacar que el surgimiento de la mentada concepción de ver las cosas, se anticipó meses antes de que los valores, radicalmente cambiaran a nivel mundial, tras el trágico y conocido 11 S que modificó para siempre el rumbo de la historia.

En virtud de la investigación, en algunas bibliotecas se conservan los cuatro ejemplares de la Revista, que son el testimonio cabal, que más lejos en el tiempo, pondrá en su lugar a quienes pensaron más allá de sus fronteras, de sus cuerpos y de sus conveniencias.

Es un secreto a voces que los fundadores, nunca más compartieron una misma mesa, cada uno, tomó su camino y continúo por el derrotero del arrojo de la existencia, con la seguridad quizá de saber que en algún tiempo y lugar, alguna placa los volverá a juntar.

Los Anarconihilistas, fundadores y destacados fueron: Nicolás Fiks, Francisco González Cabañas, Pablo Macías y Oscar Portela.

 

La institucionalidad Anarconihilista.

Tal como se afirma en los diferentes manifiestos citados por estos vanguardistas y rupturistas, el lugar o la sociedad donde vivían era “Anarconihilista” más no ellos que sólo diagnosticaron o tutelaron nominalmente el fenómeno social y político. Años después, nos es válido afirmar que la institucionalidad en donde en forma anárquica y nihilista se desplazan las facciones dueñas de la representatividad, es puramente ficcional o mejor dicho, creada a sus únicos fines y bienes.

Estas castas, grupúsculos o facciones que dicen ejercer lo democrático, no tienen límites normativos ni morales para desarrollar sus vidas a costa de lo que fuere y de allí que sus acciones tiendan a ser destructivas para quiénes no comparte sus egoístas intereses.

La institucionalidad democrática nos emplaza, mecanismo normativo y educacional mediante un sistema el cuál la letra muerta de una disposición crea una estructura limitante para el hombre, quién finalmente es el que activa el mismo sistema desde el que no puede ser medida de todas las cosas. Desde lo teórico funciona para los que pretenden un título de grado en una carrera jurídica o a fines, desde lo práctico y más en sistemas culturales conservadores y elitistas, la realidad es que el hombre, con nombre y apellido, sea líder carismático, heredero de un poder familiar u exitoso en una esfera económica, deportiva o del espectáculo, es quién indiscutidamente ejerce un poder por encima de las instituciones de la que es parte y sólo compulsa su continuidad en el poder, con aquellos con los que comparte el selecto club de la clase dirigente, dueña y señora de un poder que solo pretende un barniz de popularidad cada dos años para legitimarse mediante elecciones.

Sabemos que el resto es condición necesaria para que el andamiaje funcione, es decir estipular desde estos mismos sectores acciones para dar cuenta que en verdad es posible la institucionalidad, la participación de las mayorías, las prioridades para los más necesitados y la posibilidad para quiénes se la ganen por capacidad, mérito o por trabajo abnegado.

Cómo condición suficiente es que en verdad muy poco de lo anterior se cumpla, por no decir nada, los valores y las predeterminaciones se manejan con tabulaciones más propias de un juego de naipes entre amigos, donde el papel del azar suele ser decisorio.

Cada cierto tiempo, la vara, la rueda, la diosa, o el instrumento elegido por la fortuna, intermediará para en ese grupo selecto, uno sea coronado como el mayor ganador, quedando para el resto el reparto de lo que ha quedado en la mesa.

Hace años que la política no es mucho más que esto, hace muy poco que nos dimos cuenta de esto mismo, y que en definitiva ni estamos enojados, ni tristes con que sea así, simplemente queremos estar, tener juego, participar de un montaje escenográfico digno de una producción del séptimo arte.

No queremos, ni aspiramos, ni a la dirección, ni al guión, ni mucho menos al papel estelar en estas películas, simplemente un rol secundario, un “bolo” como se llama en la jerga, el segundo de estelaridad que no se le puede negar a nadie.

Queríamos fijar la presente posición, dejando expresamente asentando un apotegma de los tiempos que corren y una definición política, hasta el grado de la ciencia misma, los hombres son los que definen la política, el resto carece de sustento.

Sería vano, mentiroso e insustancial que digamos que nos sentimos parte de un espacio que supuestamente mejore, cambio o modifique el estado de cosas, o el montaje escénico en donde los anarconihilistas institucionales nos imponen sus reglas de juego, queriéndonos hacer creer que vivimos en una Grecia ficta regida por contratos sociales y principios de libertad,  ninguna expresión dogmática, sentimental o movimientista podrá prevalecer bajo sus reglas (elecciones tal como las plantean, sistemas de partidos y demás normativas o disposiciones del montaje), y la única forma que algo diferente emerja exitosamente es cuando den cuenta que la anarquía-nihilista institucional ya ha hecho demasiado daño y entre todos podemos construir otro sistema, donde algunas más puedan estar dentro del ámbito de las decisiones, para que cada vez sean menos, los perjudicados por los que aquellos decidan.

Ha muerto la política partidocrática, ideológica y de las convicciones, nace la política del sujeto, del líder, del individuo que dura hasta que otro lo mate políticamente o muera físicamente, pero esos son los tiempos de la actualidad, son las circunstancias de momento. De una institucionalidad anarcohilista, que esperemos haber demostrado que no es un oxímoron o un desafío al principio de no contradicción, sino el montaje escénico desde un puñado de pocos se beneficia, haciéndonos creer a muchos que están haciendo algo por un concepto, el colectivo, en el que no creen y tienen por definición horadarlo hasta dejarlo en su mínima expresión.La democracia incierta, tapa abierta

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