La representatividad populista.

A días de una nueva elección, inédita en su cabal sentido, en España (Reino que se constituye en el canal vinculante entre Europa y América, no sólo por definición semántica de lo Iberoamericano) causal o casualmente, refieren en forma directa, por su sistema electoral, a una propuesta conceptual, integral, filosófica y política, delineada por uno de los hombres pertenecientes al Latinoamericanismo, más destacados, Luis Villoro, quién, en su abordaje teórico “Sobre la democracia consensual” se explaya sobre este, como un modelo, prehispánico, ejercido por comunidades indígenas y en regiones de África, que a contracorriente de las democracias representativas occidentales que estimulan, fomentan y precisan de la imposición por las mayorías, de la conflictividad dirimida por la arrogancia del número y que se sostienen en el bastión de la exclusión para funcionar, se nutren del “énfasis en procedimientos que aseguraran la participación en las decisiones que les conciernen de todas las personas situadas en una sociedad y su control sobre quienes las representen. No se basaría en la competencia partidista sino en el principio del acuerdo. Su idea regulativa sería evitar la exclusión” (Villoro, Luis, Sobre la Democracia Consensual, p. 7).

A nadie le puede escapar que Latinoamérica, aún no puede librarse de las cadenas conceptuales que la vinculan a Europa. Esta expresión no corresponde a una línea de pensamiento o a una forma de hacer política, como sostienen, confusamente, quiénes se autodenominan populistas, haciendo de este término un coto de caza, que incluiría una revolución libertaria latinoamericana con impacto en Europa. Las últimas elecciones presidenciales libradas en países como Brasil, Argentina y Perú, sumado al plebiscito constitucional en Bolivia, demuestran que la táctica o el sendero electoral, tan eurocéntrico, como distante de las raíces del ser mismo latinoamericano, que se da en llamar en política electoral “Ballotage” (proveniente del Francés que significa segunda vuelta electoral entre los dos candidatos más votados, tras una primera vuelta donde participan varios) sólo ha construido o derruido, deviniendo en una democracia incierta, en todo caso, sostenida en lo agonal y en donde se fuerza a una lectura de lo populista, útil a lo sumo para el maridaje entre intelectuales sostenidos por el sistema de lo antisistema y adláteres prestos a sostener tales banderas que muy poco tendrían que ver con una noción actual de un modelo republicano, en donde en verdad, ni siquiera está en discusión ni la libertad, ni mucho menos la igualdad. No es casual, que desde hace un tiempo, o desde la elección pasada en España y hasta que se forme gobierno, por parte de los entusiastas arriba mencionados, se pretenda cambiar el sistema electoral, exponiendo como modelo, el desaconsejable sistema Francés o de Ballotage que viene carcomiendo la institucionalidad democrática, Brasil como ejemplo paradigmático, precisamente por este mismo y cuestionado vicio de origen, al que se le pretende nutrir de conceptos académicos sólo plausibles en recintos universitarios de la más vieja, selecta y esclerotizada Europa.

La categorización en la que incurren, medios de comunicación, como referentes políticos e intelectuales, para definir los procesos políticos en Latinoamérica de un tiempo a esta parte, se ha corrido, a la vara, exponencialmente Eurocéntrica, de derechas e izquierdas. Este muro conceptual es el que se debe terminar de derribar, debemos redefinir estas categorías de la política, para que nuestros diagnósticos, dejen de ser meros relatos de hechos que no suceden en lo profundo de nuestro latinoamericanismo. No paradojalmente, sino al contrario, acendrado en la condición contradictoria del hombre, todos aquellos que en política se definen como defensores de la Patria Grande Latinoamericana, han apostado, a esos categoriales eurocéntricos, como sí aún se tratase la cosa pública, de nuestras tierras conquistadas, de lo que dirimían entre Girondinos y Jacobinos por el lugar en el que estaban sentados. Lamentablemente no se han quedado en la superficie, avanzaron en la profundización, de la confusión, o mejor dicho de leer las realidades de una parte del mundo, con los libros que se aplican, allende el océano. Acudiendo a los conceptos de lo agonal, de la política agonística, otro matrimonio, en este caso intelectual, le daba, en el caso puntual argentino, bagaje filosófico, al matrimonio gobernante de los últimos 12 años. Mouffe y Laclau, la primera Belga y el segundo Argentino, continuadores o nuevos exponentes del neomarxismo (¿habrá algo tan o más eurocéntrico que Marx o el Marxismo?) inyectaron de esta novedosa posición teórica, que relegitimaba, la confrontación, la lógica adversarial, escrita desde sus escritorios europeos y transmitidos por la televisión pública argentina. A Laclau lo sorprendió la muerte en Europa, como no podía ser de otra manera, porque vivía más allá que en su patria que lo vio nacer, y esto no es simplemente un dato de color, en toda su obra, o en gran parte de la misma, las referencias o consignaciones, acerca de lo que se da en llamar la filosofía latinoamericana, han sido más testimoniales, accesorias, secundarias y escasas. Fue sin duda un gran intelectual, un izquierdista moderno de Europa, que sólo nació en Argentina y por su condición de tal, sedujo, encantó y convenció a muchos Argentinos, como latinoamericanos, que se creen Europeos en sus terrenos de ultramar, en las tierras lejanas, que posiblemente sus ancestros conquistaron a fuerza de sable y arcabuz.

Probablemente, no se conozca en profundidad, ni al autor, ni al texto sobre la democracia consensual, que como éxito superlativo en terreno Europeo, exhibe el humo blanco Vaticano, cuando todos los cardenales, se sincretizan en el unánime “Habemus Papa”.

Muy pocos podrían estar de acuerdo en que el actual sistema democrático, es el mejor con el que podamos contar. Desde hace tiempo, que existe consenso en que ciertas reglas, o las reglas de juego deben ser cambiadas. Para ello, el diagnóstico debe ser preciso o cuasi exacto. Nada más alejado, en Latinoamérica sobre todo, como los de arriba o los de abajo, como propone el maridaje entre lo agonístico y lo consensual.

Esta visión de “Realpolitik”, nos posibilita desandar, la orilla, el cruce, la convergencia entre lo que se debate en los claustros universitarios, o en los escritorios de los intelectuales y lo que sucede en las calles, en la arena compleja de la ausencia absoluta del estado, que solo recurre, por intermedio de quiénes lo representan, a tales lugares, en los tiempos de la elección o de la jornada electoral. Esto es lo que consideramos que agrava ese lazo,  milenario, que se sostiene, míticamente entre representantes y representados.

Los medios de comunicación podrían dejar de ser complices de los populistas, a quiénes los escogieron, engañándolos con propagar sus egos, para que sean funcionales al concepto de Lampedusa de que todo cambie para que nada cambie.

“Como señala acertadamente Wiredu, la democracia consensual supone que todos los miembros de la comunidad pueden llegar, por el diálogo, a descubrir un bien común sustantivo. »Los seres humanos tienen la capacidad de abrirse paso entre sus diferencias hasta tocar fondo en la identidad de intereses.«  En efecto, en las comunidades premodernas, el pueblo puede coincidir en los fines y valores superiores, aceptados por la tradición, que presentan unidad a la comunidad. En cambio, las sociedades democráticas modernas y complejas no comparten necesariamente ese supuesto. La concepción liberal de la democracia se levanta sobre el supuesto contrario; es una manera de responder a la multiplicidad de concepciones del bien común que responden a intereses divergentes. Si el Estado aceptara una concepción sustantiva del bien común, sería por la imposición de un sector de la sociedad sobre los demás. De hecho, eso es lo que puede suceder, en la realidad, si se sigue con rigidez el principio del gobierno de la mayoría” (Villoro, Luis, Sobre la democracia consensual, p.12)

El aspecto conceptual que defendemos para sostener argumentalmente la siguiente propuesta, es que para aquellos que el sufragio, el voto o la emisión del mismo, en la cuenta final de la jornada electoral vale cinco (5) se debe no a lo que hicieron o dejaron de hacer individualmente, sino lo que el estado, ha dejado de hacer por ellos, que podría sintetizarse en reducirlos a la pobreza o la marginalidad. De allí que el término sea “Compensatorio”, es decir, todos los días y años en que el estado no estuvo para estos ciudadanos, estará el día de la elección, mediante la fuerza que le debe devolver para que el voto de estos, se diferencie de quiénes sí han tenido al estado en sus vidas o días más allá de una elección. Este empoderamiento, o devolución, significará la posibilidad de que estos puedan defenderse en su dignidad, cuando sus representantes o candidatos a representarlos vayan a intentar seducirlos mediante la dádiva, la prebenda o el intento de compra directa de sus votos, haciendo uso y abuso de la situación de marginalidad a la que están sumidos, por ese mismo estado que nos lo defiende y que tiene como representantes a esos que van en busca de explotarlos en su dignidad, pidiéndoles que los voten trocándoles la decisión por algo puntual. Esto generará que la legitimidad de la representación, se ajuste a derecho, pues aquellos que no tienen o cuentan con el estado que les debe garantizar al menos no estar en la situación de pobreza en la que se encuentran, siendo presa fácil de los extorsionadores del voto, como de la delincuencia (como salida económica o como mecanismo de defensa ante un sistema que los discrimina y repele), y de todo tipo de enfermedades que les produce el esquizoide mensaje de que son parte, pero no tienen lugar, ni oportunidad de sentirlo o vivenciarlo, readecuando a la democracia representativa en su instancia más crucial, simbólica y paradigmática, como lo es el momento de la votación o la elección. Hacer visible, en la contundente forma, de que todos aquellos a los que nuestro sistema tiene afuera, valen como voto el número de cinco (5), nos impelerá a trabajar seriamente en generar una democracia verdaderamente inclusiva, más allá de los detalles de lo ideológico, lo partidario o lo cultural de cada pueblo que se precie de habitar y de convivir bajo un régimen en donde la representatividad, no tenga vicios de origen, o apañe situaciones históricas de desigualdad, injusticia y marginalidad, para sostener la perversa mentira de que todos en la misma proporción tenemos la misma contemplación del  estado, del que sí, en este caso, sin excepción todos hemos cedido en nuestra libertad política para su conformación.

 

 

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