El problema son los de afuera, no los de abajo como nos hace creer el neomarxismo.

 

Ya no se trata de los de arriba o de los de abajo, cómo se pregonaba desde trincheras intelectuales recientes. Que en Eritrea, haya existido, además con éxito, un movimiento “Marxista-Leninista” que tomó el poder, en nombre del ¿proletariado? de tal país, es la muestra cabal del tongo, del timo, en que han caído algunos, con respecto a tal interpretación política. El paradigma de crisis  en que se encuentra Europa, tras el Brexit, debería ser tomado en su sentido de oportunidad, para que el eje Franco-Germán, que se adueñó del viejo continente y por ende de Occidente, de lugar a otras perspectivas geopolíticas, como por ejemplo bien podría ser Iberoamérica, administrando en este continente conceptual las contradicciones del latinoamericanismo con el eurocentrismo y no olvidando al África. Esta demarcación del limo o límite, tendría como finalidad, que quepan todos los mundos posibles, dentro de un mundo, en donde lo único que no tenga lugar, sea la violencia de quiénes seguirán buscando excusas para actuar y por las que arrebatárselas, con política y filosofía, como límites, por sobre todo.

Eugenio Trías (filósofo español contemporáneo) en su obra Límites, explicita que este, era el surco físico donde terminaba el imperio Romano, en ese “limo” en ese barro, el mundo ya no era tal, esa delimitación era taxativa, concreta, real y de allí se hizo palabra significante.

A más complejidad de ciertos conflictos, las respuestas esclarecedoras, podrán llegar desde los lugares más sencillos, tras el fragor electoralista, se debe ahondar en los aspectos más fundantes de nuestra sistema político y su razón de ser, el que, porque y para que, del estado y lo democrático, el sentido de los cosas, sólo pueden estar en las primeras o últimas causas y en caso de que no existan, deben ser inventadas, como las abstracciones de la igualdad y la libertad, general y política, aquella que surgió como la bonita idea, que supuestamente sostenemos como un gobierno de mayorías. Sí la democracia queda reducida a votación y obtener la mayoría de votos un domingo, por lo menos debemos volver a las fuentes para repasar ciertos conceptos.

Estas palabras podrán llegar por vía de excepción, sí creyésemos en deidades, diríamos milagrosamente, apelando al sentido humanitario que tal vez indique que algo tenemos en común, podrías incorporarlo como parte de tu subjetividad, o tal vez, compartirlo en tu muro de red social, como se comparten las solicitudes indulgentes para que no se extingan las hormigas californianas. Del otro lado de las rejas, no tan imaginarias, sí no del envoltorio de plástico fino en donde mueren nuestros pensamientos, dudas, sensaciones y expresiones, está el mundo por vosotros conocido, el mediático, el virtual, el de la encuesta, el del debate, el del formar gobierno. Este es otro límite. Cómo el geográfico o el temporal.

Grecia como cuna de la democracia, por intermedio de uno de sus hombres más lúcidos, Platón, dispuso en otros estados griegos lo que consideraba el estado ideal dirigido por Gobernantes o filósofos, aquellos que eran inteligentes, racionales, apropiados para tomar decisiones para la comunidad estos formaban la “razón” del alma, y más allá de esta experiencia, debemos dejar en claro que no abonamos en ningún sentido una pretensión tan determinista, pero no por ello, dejar de mencionarla como una búsqueda sostenida en razones y argumentos por una celebridad del pensamiento como lo fue Platón en el campo de la filosofía y de la humanidad en general.

Podemos dar el salto a Hegel, en “La Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas” cuando afirma “La esencia del estado es lo universal en y para sí, lo racional de la voluntad, pero que en tanto está sabiéndose y actuándose es subjetividad simplemente y en tanto realidad efectiva es un único individuo. Con referencia al extremo de la singularidad como multitud de individuos, su obra consiste en general en algo doble: por una parte, en sostener a estos individuos como personas y por tanto en hacer del derecho una realidad efectivamente necesaria, promover luego el bienestar de aquellos individuos (bienestar que cada uno procura para sí en primer término, pero que tiene simplemente un lado universal) proteger a la familia y dirigir a la sociedad civil…Con respecto a la libertad política, o sea la libertad en sentido de la participación formal en los asuntos del estado por parte de la voluntad y actividad de los individuos que, por lo demás, tienen como tarea principal los fines particulares y los negocios de la sociedad civil, se debe advertir que por una parte, se ha hecho corriente llamar constitución solamente a aquel aspecto del estado que se refiere a una tal participación de esos individuos en los asuntos generales, y se ha hecho también corriente considerar como estado sin constitución a aquel que no da lugar formalmente a esa participación”.

Una de las verdades incontrastables de la política en su hacer, no desde su perspectiva de ciencia, es la condición circunstancial, es decir, por más que permanezca un tiempo largo o considerable el poder no puede anidar eternamente en mismas manos, por la finitud del sujeto básicamente y por definición, de allí que para legitimarse, desde el poder se construyen razones, argumentos, o representaciones, como para validar esa tenencia del poder que practican los tenedores. La autoridad constituida mientras se funde en razones más argumentadas, plasmadas en sofisticadas leyes o cuerpos normativos, serán más difíciles de desandar para los que no estén de acuerdos con las mismas. Es decir, si la construcción de una autoridad de poder, se sostiene en principios de autoridad que hacen referencia a situaciones poco racionales, desligadas de la misma y basadas en la informalidad de caprichos o de decisiones plagadas de irracionalidad, seguramente, será mucho más circunstancial su permanencia o latencia en el poder, puesto que tendrá que ratificar tales principios, con un incremento de la fuerza irracional del poder, que al acrecentar su nivel de presión, se convierte en opresión, culminando en un estallido de las normas hasta entonces aceptadas (de allí que las “revoluciones” o crisis siempre conlleven sangre y fuego”).

Los sistemas políticos, son límites y limitados en sí mismos. Son reglas que definen pautas de convivencia social. Lo democrático de un tiempo a esta parte, se comparaba cómo un límite ante lo dictatorial. Tras décadas, es decir el transcurso de diferentes límites, de tiempo y geográficos, el reinado de lo democrático es cuasi totalitario, absoluto, es preciso, refefinirlo, readecuarlo, resignificarlo. Limitarlo.

“Existe una especie de opresión con la que están amenazados los pueblos democráticos…Veo una innumerable muchedumbre de hombres, semejantes e iguales, que giran sin descanso sobre ellos mismos, con el fin de satisfacer los pequeños y vulgares placeres con los que colman su alma. Cada uno de ellos sea retirado aparte, como ajeno al destino de todos los otros; sus hijos y sus amigos particulares constituyen para él toda la especie humana. En cuanto a sus conciudadanos esta junto a ellos sin verlos, los toca sin sentirlos, solo existe en sí mismo y para si mismo, y si todavía le quedaba una familia, por lo menos, puede decirse que ya no le queda patria. Por encima de todos, éstos  se elevan un poder inmenso y tutelar que se encarga solo de garantizar sus placeres y de velar por ellos. Ese poder es absoluto, detallado, regular, previsor y apacible. Se parecería al poder paternal, sí como éste tuviese como objeto preparar a los hombres  a la edad viril, pero, por el contrario, sólo busca fijarles, irrevocablemente en la infancia; no le disgusta que los conciudanados gocen, siempre y cuando, solo piensen en gozar; trabaja con gusto para serles felices; pero quiere ser el único agente y el único  arbitre; subviene a a su seguridad, prevé y garantiza sus necesidades, facilita sus goces, gestiona sus principales asuntos, dirige su industria, regula sus sucesiones, divide su herencia. Ah sí pudiere quitarles la molestia de pensarles y el dolor de vivir.”

Ciertos sistemas políticos se edifican desde la identidad cultural de los pueblos a los que conducen y de allí su permanencia por períodos considerables, que son desplazados por otros grupos que reinterpretan mejor los cambios o ajustes que esa cultura precisa de su identidad cultural-social-política. Internarnos en estas cuestiones ameritaría al menos, un tratado pormenorizado, solo nos limitaremos a nominalizar o señalar en verdad como ejemplos, a los que estamos refiriendo o tratando de.

“Desde esta época- es decir, con el desarrollo de los estados modernos y la organización política de la sociedad-, el papel de la filosofía ha consistido también en vigilar los abusos de poder de la racionalidad política, lo que le proporciona una esperanza de vida bastante prometedora…más que preguntarse si las aberraciones del poder del estado se deben a un exceso de racionalismo o de irracionalismo, sería más sensato, centrarse en el tipo específico de racionalidad política producida por el estado…la doctrina de la razón de estado intentó definir cuáles serían las diferencias, por ejemplo, entre los principios y los métodos de gobierno estatal y la manera en que dios gobierna el mundo, o el padre a su familia o un superior a su comunidad…el gobierno racional se resume en lo siguiente; dada la naturaleza del estado éste puede abatir a sus enemigos durante un tiempo indefinido, pero no puede hacerlo  más que incrementando su propio poder. Sus enemigos hacen otro tanto, por lo que el estado que únicamente se preocupa de perdurar terminará con toda seguridad catastróficamente…la razón de estado no es un arte de gobernar que sigue las leyes divinas, naturales o humanas. Este gobierno no tiene por qué respetar el orden general del mundo. Se trata de un gobierno en correspondencia con el poder del estado. Es un gobierno cuyo objetivo consiste en incrementar este poder en un marco extensivo y competitivo…los que se resisten o rebelan contra una determinada forma de poder no deberían contentarse con denunciar la violencia o criticar la institución. No basta con hacer un proceso a la razón en general; es necesario poner en cuestión la forma de racionalidad vigente actualmente en el campo social…la cuestión consiste en conocer cómo están racionalizadas las relaciones de poder. Plantearse esta cuestión es la única forma de evitar que otras instituciones, con los mismos objetivos y los mismos efectos, ocupen su lugar (Foucault, La Vida de los Hombres Infames)

Volvemos al límite en este caso de la hoja, o del artículo, para finalmente destacar de la filosofía del Límite de Trías, la siguiente interpretación de la misma que compartimos del Dr. Jacobo Muñoz Veiga: “El límite de Trías deja de ser muro para ofrecerse como puerta… Estaríamos, pues, ante un mapa de los mundos que comprende el Mundo… y su más allá. Un mapa de un vasto y plural territorio de-limitado, pero abierto por eso mismo a lo que queda del otro lado. Un mundo cuyo ser pasará a ser, en consecuencia, el “ser del límite”, siendo un límite del mapa –su puerta y su muro a un tiempo– lo que conferirá activamente un sentido a ese ser, oficiando de razón del mismo. De “razón fronteriza”, por tanto, como fronterizo es el sujeto que en él tiene su morada. Y más allá de ese límite, el misterio”.

 

A nadie le puede escapar que Latinoamérica, aún no puede librarse de las cadenas conceptuales que la vinculan a Europa. Esta expresión no corresponde a una línea de pensamiento o a una forma de hacer política, como sostienen, confusamente, quiénes se autodenominan populistas, haciendo de este término un coto de caza, que incluiría una revolución libertaria latinoamericana con impacto en Europa. Las últimas elecciones presidenciales libradas en países como Brasil, Argentina y Perú, sumado al plebiscito constitucional en Bolivia, demuestran que la táctica o el sendero electoral, tan eurocéntrico, como distante de las raíces del ser mismo latinoamericano, que se da en llamar en política electoral “Ballotage” (proveniente del Francés que significa segunda vuelta electoral entre los dos candidatos más votados, tras una primera vuelta donde participan varios) sólo ha construido o derruido, deviniendo en una democracia incierta, en todo caso, sostenida en lo agonal y en donde se fuerza a una lectura de lo populista, útil a lo sumo para el maridaje entre intelectuales sostenidos por el sistema de lo antisistema y adláteres prestos a sostener tales banderas que muy poco tendrían que ver con una noción actual de un modelo republicano, en donde en verdad, ni siquiera está en discusión ni la libertad, ni mucho menos la igualdad. No es casual, que desde hace un tiempo, o desde la elección pasada en España y hasta que se forme gobierno, por parte de los entusiastas arriba mencionados, se pretenda cambiar el sistema electoral, exponiendo como modelo, el desaconsejable sistema Francés o de Ballotage que viene carcomiendo la institucionalidad democrática, Brasil como ejemplo paradigmático, precisamente por este mismo y cuestionado vicio de origen, al que se le pretende nutrir de conceptos académicos sólo plausibles en recintos universitarios de la más vieja, selecta y esclerotizada Europa.

La categorización en la que incurren, medios de comunicación, como referentes políticos e intelectuales, para definir los procesos políticos en Latinoamérica de un tiempo a esta parte, se ha corrido, a la vara, exponencialmente Eurocéntrica, de derechas e izquierdas. Este muro conceptual es el que se debe terminar de derribar, debemos redefinir estas categorías de la política, para que nuestros diagnósticos, dejen de ser meros relatos de hechos que no suceden en lo profundo de nuestro latinoamericanismo. No paradojalmente, sino al contrario, acendrado en la condición contradictoria del hombre, todos aquellos que en política se definen como defensores de la Patria Grande Latinoamericana, han apostado, a esos categoriales eurocéntricos, como sí aún se tratase la cosa pública, de nuestras tierras conquistadas, de lo que dirimían entre Girondinos y Jacobinos por el lugar en el que estaban sentados. Lamentablemente no se han quedado en la superficie, avanzaron en la profundización, de la confusión, o mejor dicho de leer las realidades de una parte del mundo, con los libros que se aplican, allende el océano. Acudiendo a los conceptos de lo agonal, de la política agonística, otro matrimonio, en este caso intelectual, le daba, en el caso puntual argentino, bagaje filosófico, al matrimonio gobernante de los últimos 12 años. Mouffe y Laclau, la primera Belga y el segundo Argentino, continuadores o nuevos exponentes del neomarxismo (¿habrá algo tan o más eurocéntrico que Marx o el Marxismo?) inyectaron de esta novedosa posición teórica, que relegitimaba, la confrontación, la lógica adversarial, escrita desde sus escritorios europeos y transmitidos por la televisión pública argentina. A Laclau lo sorprendió la muerte en Europa, como no podía ser de otra manera, porque vivía más allá que en su patria que lo vio nacer, y esto no es simplemente un dato de color, en toda su obra, o en gran parte de la misma, las referencias o consignaciones, acerca de lo que se da en llamar la filosofía latinoamericana, han sido más testimoniales, accesorias, secundarias y escasas. Fue sin duda un gran intelectual, un izquierdista moderno de Europa, que sólo nació en Argentina y por su condición de tal, sedujo, encantó y convenció a muchos Argentinos, como latinoamericanos, que se creen Europeos en sus terrenos de ultramar, en las tierras lejanas, que posiblemente sus ancestros conquistaron a fuerza de sable y arcabuz.

Probablemente, no se conozca en profundidad, ni al autor, ni al texto sobre la democracia consensual, que como éxito superlativo en terreno Europeo, exhibe el humo blanco Vaticano, cuando todos los cardenales, se sincretizan en el unánime “Habemus Papa”.

Muy pocos podrían estar de acuerdo en que el actual sistema democrático, es el mejor con el que podamos contar. Desde hace tiempo, que existe consenso en que ciertas reglas, o las reglas de juego deben ser cambiadas. Para ello, el diagnóstico debe ser preciso o cuasi exacto. Nada más alejado, en Latinoamérica sobre todo, como los de arriba o los de abajo, como propone el maridaje entre lo agonístico y lo consensual.

Esta visión de “Realpolitik”, nos posibilita desandar, la orilla, el cruce, la convergencia entre lo que se debate en los claustros universitarios, o en los escritorios de los intelectuales y lo que sucede en las calles, en la arena compleja de la ausencia absoluta del estado, que solo recurre, por intermedio de quiénes lo representan, a tales lugares, en los tiempos de la elección o de la jornada electoral. Esto es lo que consideramos que agrava ese lazo,  milenario, que se sostiene, míticamente entre representantes y representados.

Los medios de comunicación podrían dejar de ser complices de los populistas, a quiénes los escogieron, engañándolos con propagar sus egos, para que sean funcionales al concepto de Lampedusa de que todo cambie para que nada cambie.

 

“Como señala acertadamente Wiredu, la democracia consensual supone que todos los miembros de la comunidad pueden llegar, por el diálogo, a descubrir un bien común sustantivo. »Los seres humanos tienen la capacidad de abrirse paso entre sus diferencias hasta tocar fondo en la identidad de intereses.«  En efecto, en las comunidades premodernas, el pueblo puede coincidir en los fines y valores superiores, aceptados por la tradición, que presentan unidad a la comunidad. En cambio, las sociedades democráticas modernas y complejas no comparten necesariamente ese supuesto. La concepción liberal de la democracia se levanta sobre el supuesto contrario; es una manera de responder a la multiplicidad de concepciones del bien común que responden a intereses divergentes. Si el Estado aceptara una concepción sustantiva del bien común, sería por la imposición de un sector de la sociedad sobre los demás. De hecho, eso es lo que puede suceder, en la realidad, si se sigue con rigidez el principio del gobierno de la mayoría” (Villoro, Luis, Sobre la democracia consensual, p.12)

El aspecto conceptual que defendemos para sostener argumentalmente la siguiente propuesta, es que para aquellos que el sufragio, el voto o la emisión del mismo, en la cuenta final de la jornada electoral vale cinco (5) se debe no a lo que hicieron o dejaron de hacer individualmente, sino lo que el estado, ha dejado de hacer por ellos, que podría sintetizarse en reducirlos a la pobreza o la marginalidad. De allí que el término sea “Compensatorio”, es decir, todos los días y años en que el estado no estuvo para estos ciudadanos, estará el día de la elección, mediante la fuerza que le debe devolver para que el voto de estos, se diferencie de quiénes sí han tenido al estado en sus vidas o días más allá de una elección. Este empoderamiento, o devolución, significará la posibilidad de que estos puedan defenderse en su dignidad, cuando sus representantes o candidatos a representarlos vayan a intentar seducirlos mediante la dádiva, la prebenda o el intento de compra directa de sus votos, haciendo uso y abuso de la situación de marginalidad a la que están sumidos, por ese mismo estado que nos lo defiende y que tiene como representantes a esos que van en busca de explotarlos en su dignidad, pidiéndoles que los voten trocándoles la decisión por algo puntual. Esto generará que la legitimidad de la representación, se ajuste a derecho, pues aquellos que no tienen o cuentan con el estado que les debe garantizar al menos no estar en la situación de pobreza en la que se encuentran, siendo presa fácil de los extorsionadores del voto, como de la delincuencia (como salida económica o como mecanismo de defensa ante un sistema que los discrimina y repele), y de todo tipo de enfermedades que les produce el esquizoide mensaje de que son parte, pero no tienen lugar, ni oportunidad de sentirlo o vivenciarlo, readecuando a la democracia representativa en su instancia más crucial, simbólica y paradigmática, como lo es el momento de la votación o la elección. Hacer visible, en la contundente forma, de que todos aquellos a los que nuestro sistema tiene afuera, valen como voto el número de cinco (5), nos impelerá a trabajar seriamente en generar una democracia verdaderamente inclusiva, más allá de los detalles de lo ideológico, lo partidario o lo cultural de cada pueblo que se precie de habitar y de convivir bajo un régimen en donde la representatividad, no tenga vicios de origen, o apañe situaciones históricas de desigualdad, injusticia y marginalidad, para sostener la perversa mentira de que todos en la misma proporción tenemos la misma contemplación del  estado, del que sí, en este caso, sin excepción todos hemos cedido en nuestra libertada política para su conformación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Resumen

Dios como concepto, es inoculado en aquellos lugares del globo que no eran conocidos por el logos occidental, no solamente por intermedio de la conquista, sino más que nada, por la imposición de un sistema educativo que se perpetuo en el tiempo, y extendió el dominio conquistador, mediante el fuego de una supuesta verdad absoluta e indiscutible. Ésta sólo permitió, como era obvio de suponer, ser discutida, mediante sus propias reglas de juego. Normas que no discutían el fondo de la cuestión, tal como lo fue la experiencia intelectual Marxista, que más luego fue llevada a la práctica y que produjo lo mismo que su concepto tutelador de la conquista; sangre, fuego y violencia. La irrupción de la filosofía de la liberación o latinoamericanista, acendrada en su ya estudiada y demostrada, posibilidad y viabilidad, debe ser pensada desde categoriales que no se permitan enajenaciones, tutelas o condicionamientos, que nos vuelvan a depositar en aporías falaces que nos devuelvan al fangoso terreno de discutir a Dios, mediante Marx, cuando ambos son la contracara de lo mismo, pues la posición de nuestra óptica del mundo debe ser, la opción por el pobre, por el marginal, y como los integramos a nuestras comunidades, a nuestra legitimidades y a nuestros sistemas, por más que estos, aún sigan siendo modelos copiados allende el océano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La posibilidad de una filosofía latinoamericana, africana o no europea

 

 

Consideramos que la vinculación, o más convenientemente expresado, el sincretismo, de ambos conceptos (Filosofía y Latinoamérica o cualquier otro patronímico o gentilicio) para elucubrar en claustros educativos, la categoría de Filosofía Latinoamericana, no es más que un ejercicio literario, poesía académica, material exquisito, en ciertos casos exótico y en otros necesario para reafirmar, contra fácticamente, el dominio conceptual de lo occidental, o de su desprendimiento el eurocentrismo, o el lationamericanismo como mera reacción, que justifica aquello.

Partiendo de una de las aporías más decisivas de la historia de la humanidad, del discernimiento entre lo uno y lo múltiple, para el develamiento, interpretación, invención, deconstrucción, o cualquier término, por el cual hayan surgido las más diversas corrientes de pensamiento (que no dejan de ser conversaciones, concatenadas con el fin, de dialogar de manera intergeneracional y corriendo lo sucedáneo del tiempo) nos encomendamos a la encomiable empresa, jactancia intelectual mediante, de invalidar la categoría de Filosofía Latinoamericana, no sólo desde la perspectiva etimológica, histórica y en definitiva discursiva, sino demostrando, bajo la lógica del razonamiento, arriba señalado como uno de los puntos neurálgicos del juego de conceptos de las primeras y las últimas causas, validando por ello, las infinitas filosofías que existirían, dentro de esa delimitación Latinoamericana, como decena de casos puntuales de que supuestas subcategorías o no existen en cuanto tales, es decir como formando parte de un categorial que los englobe, que los enmarque (no podría nadie determinar, su lazo de vinculación o pertenencia, nadie que no se pretenda dominante, como por contraposición o reacción, ante ese predominio de la filosofía occidental, o filosofía a secas, que per se, refiere a todas las filosofías, desde ese imperialismo intelectual, paradójicamente del que nacería ese gran concepto de filosofía latinoamericana) o existen en forma múltiple, en todas las manifestaciones que así se pretendan y que mediante el uso de la semántica así lo señalen.

La multiplicidad de filosofías dentro de lo que geográficamente se considera Latinoamérica (como todas las delimitaciones categoriales, surgidas desde los preceptos de la conquista, como más luego del sincretismo, violencia mediante) invalidan la posibilidad de la unidad pretendida por el alma académica, que obviamente, actúa por instituciones y usinas de poder, que son generadas desde aquel imperialismo intelectual, que se pretende, con la arrogancia del que plantea las reglas de la discursividad, como los únicos aptos para determinar cuáles son los límites del pensamiento, en el caso de que este tenga límites, claro está.

Advertir que en verdad estamos en presencia, de un fenómeno de perspectiva, de pensamiento, o de como queramos llamar, que pese a ser conquistado, en otros sentidos, no ha dejado de pensar, bajo sus propios términos, tan interesantes, que alguna vez, podríamos caer en cuenta, que nuestro occidente en crisis lo precisa, como maná del cielo, pero que para esto debemos prescindir de sus formulismos, y por sobre todo de sus métodos y rigores, viciados de una significación que obliga al ocultamiento de lo pensable o filosofable que podríamos encontrar muros afuero de lo europeo u occidental.

 

“La filosofía latinoamericana no debe circunscribirse a aquellas reflexiones que solamente tienen como objeto el mundo cultural, ético, político, religioso, socioeconómico, etc., de los países de esta parte de América, aunque algunos autores con argumentos válidos también así la conciben. Por supuesto que de algún modo tienen que aflorar tales problemas en el ideario de cualquier filósofo de esta región con suficiente dosis de autenticidad. Pero el hecho de que aborde estos temas no le otorga ya licencia de conducción para las vías de la universalidad”. (Guadarrama, 2008: 3)

 

Consideramos que más allá de la necesidad “Latinoamericana, Africana o Asiática” de reafirmar sus procesos de pensamiento, sus prioridades y por qué no con ello, la revisión de su historia con los elementos condicionares y por sobre todo vejatorios, bajo la auto-asignación o el bautismo de sus corrientes, es una necesidad eurocéntrica que exista otro que prenda emular, tomar de suyo, o ser parte, sin el estigma de víctima, de la que siempre, por otro lado ese occidente intrusor, se ha adueñado bajo el término del universalismo.

Finalmente y como para no adentrarnos en lo que podría significar el momento más intenso o formalmente establecido o nominalizado, en lo concerniente a la filosofía Latinoamericana, que es ni más ni menos, como veremos más adelante la filosofía de la liberación, en el manual de Horacio Cerutti, La filosofía de la liberación latinoamericana en donde lo arriba mencionado se describe como una polémica cruzada y argumentada en textos y ponencia, por parte de Leopoldo  Zea y Augusto Salazar Bondy, coincidiremos con la siguientes cita:

 

“Ajenas a todo fundamentalismo, las fundaciones de la filosofía latinoamericana nos revelan que no se trata de enunciar principios que enclaustren la esencia de Latinoamérica en unas formas excluyentes, sino de ejercer la razón, en sus múltiples dimensiones intelectuales, emocionales y estéticas, con el fin de comprender pluralistamente nuestro múltiple mundo cultural e histórico, y desde allí avanzar a una relación constructiva con otras civilizaciones. Si como ha señalado acertadamente Guillermo Hoyos, ‘filosofía latinoamericana significa uso crítico de la razón’, creo que con el mismo derecho podemos enunciar la recíproca y sostener que el uso público de la razón entre nosotros y de cara al diálogo con otras experiencias culturales significa filosofía latinoamericana” (Dussel, Mendieta, Eduardo y Bohórquez, 2009: 261).

 

Superado el obstáculo terminológico o metodológico, para asumir o no, una denominación acerca de una filosofía “patronímica”, para que la misma sea aceptada en los reductos o claustros del saber, descontamos de la necesidad de la misma, en un sentido estrictamente político (también veremos más adelante, que tanto por el Eurocentrismo, Hegel, como Cerutti hablan, el primero de libertad política para el desarrollo filosófico, y el segundo el desarrollo de la filosofía de la liberación como una filosofía política) sobre todo en los supra organismos internacionales, que regulan el derecho internacional público y privado, el contratismo social a escala universal por llamarlo de alguna manera.

Neologismos, contradictorios en sí mismos, que surgen para acendrar la necesidad de la existencia de organismos internacionales que planteen la generalidad de lo humano, a través de la fundamentación del logos, como razón (valga la redundancia) fundante de lo jurídico y lo ético, que dan razón de ser a tales instituciones que se pronuncian cada tanto en documentos ceñidos, como expresiones de deseo, bajo términos categoriales provenientes de las academias que determinan la razón en sí en que deberíamos entendernos todos los seres humanos, la necesidad por tanto que la explicación o aseveración de las primeras y últimas causas, es decir la filosofía como concepto y en su ulterioridad, como piedra basal de imposiciones dialécticas que luego se transforman en imperativos de poder fáctico, existan en lugares, como Latinoamérica y África, como condición necesaria para la imposición de modelos de organización social (colectivos, por ende políticos) como de formas de vida (individuales, por ende, existenciales) cuando en verdad en la manifestación, sincretismo violento mediante, sus expresiones filosóficas (en caso de que las hubiere entendida desde el categorial de la filosofía del logos “occidentecentrista”) surgen desde manifestaciones poéticas o artísticas-danzantes. Organismos internacionales que regulan lo político, lo económico-comercial, lo vivencial (salud, expresión-comunicación, etc) amparados en la declaración de los derechos universales del hombre, acotados en sus maniobras fácticas o prácticas, por tanto que solamente condicionan desde lo teórico o teorético, por la autodeterminación de los pueblos, encuentran en el logos occidental, dialógico o que dialoga, de un tiempo a esta parte, con el oriente, adormecido o aletargado por el opio de la razón instrumental impuesta por aquel occidente en los periodos de conquista, no han resuelto este dilema trascendental que vincula dos continentes, dos expresiones de ser ante el mundo; la latinoamericana y la africana. Si bien, son dos procesos disimiles y en estadios diferentes, a través del relato filosófico, de la filosofía como discurso validante o validador para que se dispongan, supuestos derechos universales que en verdad, jerarquizan la relación entre clases distintas de hombres, que no son como las corrientes europeas de pensamiento nos quisieron hacer entender (dominantes y dominados, opresores y oprimidos) sino más que bien, son los que vivencian la existencia, desde los límites del lenguaje, de esa construcción iniciada con los primeros filósofos griegos, a diferencia de quienes lo vivencian desde la expresión poética, fundante de las aseveraciones estipuladas más luego en esos “logos” fundante, imperantes y condicionadores.

La noción de universalidad aplicada a lo estricta o particularmente filosófico, se lo debemos a Hegel, uno de los alemanes eminentes, que sí nos permite la digresión, no pueden eludir el haber conformado esa “conciencia alemana” que convalidaría con los votos, años luego, el horror plasmado con el régimen social y político más siniestro de la historia moderna. Su consideración acerca de esa universalidad la anatematiza, escindiendo, apartando, colocando en una cámara de gas, a regiones enteras del globo, precisamente a todo un continente:

“Lo que por África propiamente entendemos es la carencia de historia y…lo que todavía se halla del todo confundido con el espíritu natural, y lo que aquí debería ser mostrado como propio tan solo del umbral de la historia universal. Al sabernos ya desembarazados, de eso nos hallamos en el escenario auténtico de la historia universal”. (Hegel, 1970: 122-3).

 

Podríamos extendernos en otros pasajes de la obra mencionada, en donde se realizan apreciaciones antropológicas, que orillan claramente lo proverbialmente discriminador y xenófobo, de todas maneras, es más interesante, detenernos en esta construcción teórica de lo universal (desde ya que esta consideración, proviene de la herencia inoculado por el poder del claustro, que dispuso que la primera historia de la “ciencia de la verdad” sea el Libro I de la Metafísica de Aristóteles, como sabemos se podrían seguir escribiendo obras completa del Aristotelismo en Hegel, desde la continuidad que hizo el teutón de los principios de tesis y antítesis propuesto por el estagirita como corolario simbólico de la síntesis, complementada por aquel, por ejemplo, que profundiza nuestra autor citado, desterrando de las fronteras de lo filosófico también a América:

“El nombre de nuevo mundo proviene del hecho de que América y Australia no han sido conocidas hasta hace poco por los europeos…este mundo es nuevo no solamente relativamente, sino absolutamente. Los americanos viven como niños, que se limitan a existir, lejos de todo lo que signifique `pensamiento y fines elevados. Las debilidades del carácter americano han sido la causa de que se hayan llevado a América negros, para trabajos duros. (Hegel, 1997: 170).

 

Finalmente y como si le cupiese algún tipo de duda a como consideraba la universalidad filosófica, nuestro autor lo deja expresamente narrado:

“En Occidente estamos en el verdadero suelo de la filosofía; allí tenemos que someter a consideración dos grandes formas, distinguir dos grandes períodos, a saber: 1) la filosofía griega, y 2) la filosofía germánica” (Hegel, 1984: 211).

 

El mundo Americano que fuera descubierto, en virtud más por la intervención del azar como necesidad y de los caprichos de la aventura, que de los progresos de una ciencia, supuestamente siempre en ciernes y brindando la posibilidad de extender la fronteras de lo humano (Podríamos afirmar que un maridaje indisoluble, lo constituyen occidente y la técnica que van a la postre, en una suerte de carrera, alocada, hacia una finalidad que no presenta metas precisas, ni mucho menos naturales, sino que se impostan como espejismos que sostienen aquella unión ficta) funda la nueva territorialidad bajo el imperativo categórico de lo educativo y lo político. Debemos, nuevamente desandar, lo que nos deja la herencia, la tradición o los cánones academicistas y a su vez, no por ello, caer en ese exotismo que esa misma academia lo tolera o acepta como excepción a la regla y que definen como multiculturalismo. Es decir, no podemos, no debemos, poner o citar a un hermano originario, autóctono o primitivo, que por tradición oral, haya recibido de sus ancestros, el ritual que de acuerdo a sus concepciones del mundo lo acercaban al hombre con la eternidad, esto sólo sería un apartado menor, en un curso en una facultad europea de filosofía o antropología, la verdad correría por lo que quedó asentado, muchas veces por manos barbáricas (precisamente este término, es una muestra cabal de cómo ha entendido siempre lo europeo lo ajeno y lo propio, bárbaros eran considerados los que habitaban fuera de la Roma imperial, el correrse de ese límite ya los hacia pertenecer a un submundo peyorativo) casi siempre manchadas de sangre, contaminadas por el hedor de lo peor de la condición humana, o lo que simplemente se entiende, o se trata como historial formal u occidentalmente aceptada.

No podemos apartar la mirada de los procesos de conquista, llevados a cabo siglos atrás, en nombre de la razón iluminada por la esperanza de la religiosidad e impulsada por la avidez de recursos, de extensión y expansión en ese mismo sentido “occidental” o de ese logos occidental, sin embargo, no queremos que la circunscripción de la temática, nos haga, salirnos de eje, de lo que planteamos, más allá de esta cuestión que bien podría ser entendida como meramente historicista.

Independientemente de los millones de litros de sangre derramadas, para que desde la pluma, podamos expresar esto mismo, como una nimiedad en el presente capítulo de lo humano, lo cierto es que deberán ser otros, más allá de los que ya han sido, quienes consignen estos actos despreciables con la vida y con la humanidad, entendida, precisa y paradojalmente, bajo categoriales, pura y exclusivamente occidentales, dada que nuestra intencionalidad discurre por dejar en claro que pese tamaños actos de sujeción, esa misma conquista entronizada en cuerpo y alma mediante la violencia, ha hecho, que dos continentes, conquistados, puedan ser sometidos filosóficamente, es decir desde la esencia  misma de la identidad de sus respectivos pueblos que forman unidades políticas en donde habitan y habitaron millones de personas a lo largo de siglos.

Para dejar aún más claro el planteo, referimos que pese a la imposición, a la ocupación y a la dominación en todos los órdenes y durante siglos, no se ha podido obtener por parte de ese occidente dominador, el alma, el espíritu, la esencia, o en el más griego y por ende occidental de los conceptos, la ousía de, los pueblos latinoamericanos y africanos.

En un segundo paso, consignamos que si bien ambos procesos, se encuentran ante un mismo cuadro  de situación, es decir el referido, no obstante ello, vivencian, desde un inicio, reacciones o modos de ser ante el mundo, ante esa imposición que los modifica desde el encuentro entre las civilizaciones, sus respuestas o manifestaciones, de formas muy diferentes, muy disimiles que son el origen de que hasta el momento muy pocos hayan reparado que en verdad se trata de situaciones que nacen y perecerán de forma igual o muy parecida.

Encontraremos finalmente que por intermedio de lo considerado desde ese occidente centrista, conquistador o modelador o impulsor de referencias obligadas, lo filosófico anida en ambos continentes en expresiones sensoriales o más vinculados a lo emocional, que lo tradicional u originario del logos racional (valga la redundancia) tanto en lo poético como en lo festivo-musical, asimismo encontraremos vinculaciones desde lo mitológico, como en lo religioso.

 

Jesuitas y Guaraníes, o una relación que devela la verdadera razón de ser de la conquista.

 

Es imperioso afirmar que el proceso de coloniaje, dependencia o el férreo establecimiento del imperativo categórico de pensar como condición sine qua non, bajo la égida o la férula de conceptos eurocentristas, se da por intermedio de los supra-categoriales, dentro del campo disciplinar y académico de lo filosófico, de “Dios y Marx”. Ambas acepciones actúan como inicio o fin y por ende inmiscuidas en el desarrollo, de los pensamientos o tratamientos del logos o filosofía, sobre todo en Latinoamérica. Sin pecar de historicistas, la mitad del ágora latinoamericanista, obedece, cual dogma libre de raciocinio, a la existencia-presencia, del dios, establecido, conceptualmente, y bajo rigor espartano, por la compañía de Jesús, más conocida como los jesuitas, que extendieron la existencia del todopoderoso, más allá de la divinidad, sedimentándolo a lo largo de los siglos de la historia del pensamiento, como fuente de toda razón, entronizándolo como motor inmóvil o punto de partida inexcusable para quién se preciara, no ya de católico o cristiano, si no de partícipe de la historia de occidente, un occidente, proverbialmente europeo, que explicara por el apropiamiento de ese logos o de esa razón, lo que necesariamente debería ser creído, por la necesidad ínsita de asirse a  algo que fuera, al menos un poco más que la orfandad, inexplicable y nauseosa (previamente temblorosa) que precisamente, resurge o renace como reacción, histórica-política-dialéctica, por intermedio de un proyecto filosófico-materialista, ateo, por sobre todas las cosas. En relación a la obra de la Compañía de Jesús, analizada desde una perspectiva de poder, refirió Napoleón Bonaparte:

 

“Los Jesuitas son una organización Militar, no una orden religiosa. Su jefe es el general de un ejército, no el mero abad de un monasterio. Y el objetivo de esta organización es Poder – Poder en su más despótico ejercicio – Poder absoluto, universal, Poder para controlar al mundo bajo la voluntad de un sólo hombre (El Papa Negro, Superior General de los Jesuitas) El Jesuitismo es el más absoluto de los despotismo – y, a la vez, es la más grandioso y enorme de los abusos” (“Recuperado de Infonom.com”)

 

Esta batalla, esta disputa que bien pudo haberse desatado no ya en una facultad, sino en un aula determinada de la misma (conviniendo o recordando en verdad, que la “universitas” o el concepto educativo fue instalado también merced de la compañía de los jesuitas), se libra en los extensos terrenos de continentes, en donde lo occidental o europeo, ya hizo mella a través del eufemismo del “sincretismo” que en verdad ha sido conquista a sangre y fuego, imposición categórica, que necesariamente repelió cualquier tipo de manifestación dialógica.

Queremos subrayar o no dejar de mencionar un caso específico que bien podría iluminar lo que estamos señalando, en cuanto a cómo sigue operando esa clausura occidental, como ese sometimiento arquetípico (la mayoría de los habitantes del nuevo mundo, son descendientes directos de mestizos, son productos genéticos del entrecruzamiento entre conquistadores y conquistados) continúa socavando la posibilidad de enfocar lo que ha ocurrido, desde otra óptica o perspectiva.

Para aquellos que con toda lógica y razón, eurocentrista, puedan esgrimir que la vinculación África-Latinoamérica (desconociendo los millones de litros de sangre derramada y el sistema esclavista que sustentó el modelo económico-político-social de la conquista) es más que forzada, le brindaremos una muestra clara, que se produjo en una cultura precolombina, que fue arropada por el poder jesuita y esa interpretación que algunos, como Leopoldo Lugones, en su obra “El imperio Jesuita”, caracterizo como “comunismo teocrático”.

Es imprescindible que seamos taxativos en determinar una experiencia histórica concreta, de cómo se ha dado esta excursión imperialista, transfigurada en preceptos religioso-culturales. Sin lugar a dudas, que una de las regiones en donde los Jesuitas, perpetraron, su inoculación de la apreciación eurocentrista de una perspectiva de vida, fue en Latinoamericana, nos centraremos en especificar como dispusieron su apostolado, que no se centraba en aspectos acendrados únicamente en lo teológico-religioso, en relación a la cultura aborigen conocida como los Guaraníes.

Los Guaraníes, fueron una cultura (quedan vestigios o reductos de las mismas muy apocados en todo sentido) que habitaron el Litoral Argentino y la actual República del Paraguay, el sentido del mal, antes de la llegada de los conquistadores, no estaba vinculado a un interpretación religiosa, tal como lo implementaron luego los Europeos de acuerdo a las anotaciones que se le conceden al Padre Andrés, de acuerdo al autor del siguiente texto citado:

 

“Los guaraníes forman una comunidad de iguales donde principia el altruismo y la distribución de los productos de subsistencia, de acuerdo a las necesidades de cada cual. Así es como se reparten lo producido en las cosechas y lo que obtienen de la caza, de la pesca y de los frutos recolectados”…Para ellos no existe la propiedad de la tierra, se la considera un bien común al cual todos tienen la obligación de cultivar y la equidad de repartir los bienes producidos; diferencia fundamental con el sistema de los conquistadores españoles que reclamaban el derecho de la propiedad privada para apropiarse de los espacios que les apetecen y, como no cultivan la tierra con sus propias manos, necesitan de vasallos para que lo hagan; nada mejor-entonces-que utilizar a los indígenas domesticados para estos menesteres” (García, 2014: 19)

 

Existe una figura clave, en esta cosmovisión, una suerte de personaje mitológico o legendario, llamado “El Pombero”, una especie de duende, de conformación física, extraña (con pies con dos talones, exageradamente bajo y con un miembro viril desproporcionado) al que le atribuían embarazos no deseados y actuaba u oficiaba como temor simbólico ante los niños, o a los que quisieran infligir la ley (es decir usando esa imagen de niños o de irresponsables a los irreverentes) de por ejemplo, no salir al espacio de fuera de las aldeas, en horarios no aceptados (luego del mediodía y antes de la tarde, en la siesta, espacio que actualmente en donde habitaron los Guaraníes, se corta aún hoy, la actividad laboral y comercial y se duerme) lo sorprendente, es que esa voz, tal como expresan estudiosos a continuación, posee una base Africanista.

“Para Marily Morales Segovia se originaría en la voz africana “Pomba” que identifica a un demonio femenino propio de la cultura que trajeron a estas tierras los negros esclavos de África hacia principios del siglo XVIII” (Poder Ejecutivo de la Provincia de Corrientes, 1988: 25).

Tampoco queremos sobreabundar de argumentación, pero existen religiones o cultos enteros que reflejan este sincretismo forzado, este sincretismo del dolor, o del sometimiento, entre África y Latinoamérica, un ejemplo claro, es el “Umbanda” y sus ramificaciones,  por obviedad no extenderemos su más que obvia vinculación entre lo señalado, como condición necesaria y suficiente para lo expresado.

Todos los hijos de aquella circunstancia, generaciones posteriores al latrocinio, ven y sienten correr en sus venas, la sangre en copula de la sinrazón que no ha dejado víctimas ni victimarios, pero que sin embargo ha dejado un modelo claro de cómo pensar el mundo y desde que lugar incluso.

“Si la historia la escriben los vencedores” frase atribuida a George Orwell,  la frase conceptual se completa con “existe otra historia de los vencidos”, tal como si fuese un estandarte de un ejército de vencedores morales, de melancólicos o románticos revisionistas, que mediante un gran esfuerzo investigativo e intelectual, se empeñan en relatar modificaciones a esa gran historia oficial, a la que suelen torcer, mediante modificaciones menores, logrando gestas apocadas que reinan en el ámbito simbólico.

Simplemente para cerrar la mención de lo Guaraní, lo canónico siempre dio por sentado o lo transmitió como verdad inexpugnable, que el proceso vivido por esta cultura, fue de alguna manera una salvación, una gracia en sus vidas, un hecho fortuito que obedecía en realidad a los indescifrables designios de un dios que lo así lo quiso.

 

“Entre 1537 y 1616 se registraron veinticinco rebeliones de los indios Guaraní contra la invasión de la dominación española. No querer trabajar para los españoles y al mismo tiempo reafirmar sus tradiciones religiosas amenazadas, fueron las dos principales causas. El levantamiento del cacique Oberá en la región de Guarambaré, por el año de 1579 es un caso paradigmático de lo que fueron muchos de los movimientos de liberación Guaraní” (Bartomeu Meliá, 1986: 30).

La irrupción de la filosofía de la liberación como planteo o inquietud, no como respuesta o salida.

Este repaso en lo histórico, que no casualmente, ha sido y continúa siéndolo, permanentemente invisibilizado, alumbra o genera la búsqueda de lo que siglos después se fue consolidando como una corriente filosófica, una suerte de sincretismo, entre lo eurocéntrico y los pensadores, que heredaron, geográficamente, está herida abierta en las venas latinoamericanas, y que pugnan en dar a conocer como filosofía de la liberación. Claro está que existen inacabadas expresiones acerca del origen, desde su nombre y posibilidad, nosotros referiremos concreta y específicamente, cómo las sacralidades conceptuales de Dios y Marx, entronizados desde lo teórico y dinamizados desde lo práctico, impiden la continuidad o profundidad de la filosofía latinoamericanista o de la liberación.

Como podremos ver en la siguiente cita, vamos cumplimentando uno de los preceptos de lo que se da en llamar la filosofía de la Liberación, sin que hayamos optado o no por pertenecer o coincidir con la misma, pero de esto se trata precisamente el pensar desde los lugares arquetípicos, despresurizándonos de elementos que podrían desnaturalizar nuestro razonamiento, desde el lugar en el mundo, en donde si se quiere fuimos arrojados.

 

“La filosofía de la liberación, ya iniciada por Mariátegui en sus reflexiones sobre el indigenismo, debe desarrollar un discurso filosófico sobre la naturaleza del amerindio, sobre su pensamiento mítico-racional, sobre su lugar en la historia posterior a la conquista. Como hecho ético debería propugnar por un desagravio histórico del indio americano en 1992: cinco siglos de dominación, genocidio y muerte. Sin embargo allí están y reclaman sus tierras, su dignidad, su libertad, su autonomía política y cultural.  ¿No sería esta una ocasión propicia para avanzar filosóficamente estos temas de la filosofía de la historia americana” (Enrique, Dussel, s.f.).

 

Claro que la espada y el crucifijo solo podían hacer una parte, la razón instrumental, debía seguir sirviéndose del pupitre, del sistema de control que disponía lo educativo para luego, generar trabajadores en serie, dándole un sentido técnico, de progreso, de interpretación del mundo, de finalidad burda y absurda, que  no es ni más ni menos que la occidentalidad, brutal y empequeñecedora de la cuestión humana, dinamitadora del alma, amputadora del espíritu y ocultadora del ser.

El circulo hermético por donde hacían transitar ese conocimiento, esa piedra filosofal, entendida como tesoro escondido o a esconderse o a develar (esto es muy medieval, y se puede observar claramente en textos, llevados al séptimo arte como película,  hablamos de “En el nombre de la rosa” de Umberto Eco), fue necesariamente el ámbito de esos claustros, que desde la definición misma establecía que el ingreso no era para solamente el que deseara, sino que se constituía en un riguroso círculo cerrado, en donde la circulación de ese conocimiento, o de ese logos occidental, estaba al alcance de muy pocos, que cumplieran las prerrogativas, disciplinares de obediencia debida y rigor metodológico. Esta trampa en donde cayeron los buscadores de la verdad, de asirse más en lo cómo debía ser buscado, lo que nunca estuvo oculto, salvo para estos que siempre lo observaron como una cosa, como un instrumento o como un medio y no como lo que es, siendo, estando allí, desocultándose en el ocultamiento de la tozudez de pretenderlo asequible. Daremos un ejemplo de como la tradición que surge de Aristóteles.

“El tema que desde hace mucho tiempo, ahora y siempre, se ha buscado y ha planteado renovadas dificultades, ¿Qué es el ente?, viene a ser, ¿Qué es la ousía?” (Aristóteles, 1986: 285)”

 

Generará luego un “rigor mortis” en cuanto a la posibilidad de entender de lo que se trata, sin que se pueda salir de un camino, enfatizado y determinado casi fanáticamente, por un conjunto de reglas, o un corset o molde que impide el poder generarse perspectivas más allá de lo estipulado por quiénes se creyeron de un momento a otro los único capaces de establecer las reglas de juego del conocimiento, como sí el abordar él mismo, los debiera tener, más aún en forma expresa y específica, como estos, enajenados de libertad, así lo dispusieron.

Nunca dejará de pasar tal estadio, y probablemente no se le brinde ningún tipo de consideración academicista a lo no aceptado o lo que al menos pretenda situarlo dentro del ámbito de lo admisible.  De hecho, como observamos, lo que no proviene de la tradición o lo metodológicamente comprobado a lo sumo le puede corresponder el exotismo de lo “multicural” o a lo sumo raro, acepciones que nada se corresponden con la seriedad occidental.

 

“Preguntamos ¿Qué significa la seriedad del intelectual? ¿Está dada sólo por un riguroso aparato crítico y abundantes citas en lenguaje original? La única seriedad que queremos y buscamos porque no tenemos es la del compromiso con el hombre latinoamericano con su ser y su verdad” (Cerutti, 2005: 299)

 

A esto es lo que reacciona, o lo que en verdad se va gestando ante tanta predeterminación, o arbitrariedad, en un ámbito en donde supuestamente se pregonara lo contrario, tal como el claustro universitario. La institución de características perversas, al alentar vientos libertinos que no dejaba circular dentro de sus propios edificios de estilos medievales, se vio asediada por la necesidad de una mayor apertura, aumento de población y cambios de paradigma, que a nivel político-filosófico se coronan con la llegada del Marxismo, como antídoto, como reacción, como mecanismo de defensa, ante la asolación de la híper-presencia de un dios que en verdad, fuera de la universidad, en verdad estaba ausente en todos los lugares y momentos.

El Marxismo irrumpe, además, como el espacio de esa libertad ausente, pero apuntando esa ausencia libertaria de las fábricas, desde el núcleo básico del sistema económico y político, se postula como solución salvífica, pero desde el presidio de máxima seguridad del claustro. La única forma de que esto precisamente no se notara, que siguiera oculto, era que precisamente, naciera como dogma que apuntara a la realización de las libertades (podríamos volver a Hegel, cuando estipula que lo filosófico, sólo puede darse en el ámbito de la libertad política, de todas maneras es una obviedad crasa, que toda la historia es nada más que el dialogo intergeneracional entre un puñado de hombres europeos, avalado, promocionado y sostenido por otro grupo un poco más cuantioso de seguidores o aduladores) posibilitándole a ese proletario que se librara de las esposas del sistema productivo, claro que esta formulación, originada en ese laboratorio con cláusulas aún más atentatorias de las libertades más básicas, nunca sería visto desde esta perspectiva, ese dispositivo de encapsular lo que pueda ser dicho y entendido como verdad, debía salir de algún presidio, por más que discutiera otros sitios de encerramiento de la libertad.

 

“El traslado al ámbito intelectual latinoamericano de algunas de las polémicas que desde los años cuarenta y cincuenta se venían produciendo en el seno del llamado «marxismo occidental» —contrapuesto al marxismo-leninismo emanado del bloque soviético— sobre algunos temas filosóficos, éticos y estéticos, conmovieron cada vez más el ambiente en el que se desarrollaría el marxismo en América Latina.  Por otra parte, el auge que tomaron las posiciones filosóficas críticas del marxismo en diverso grado, unas veces para tratar de permearlo como el existencialismo sartriano y otras para sustituirlo como la filosofía de corte neopositivista, la analítica, el neotomismo, etc., dieron lugar a que el marxismo se situara en mayor medida en el centro del debate intelectual y se expresase de diversas formas como en el caso de su interpretación como filosofía de la praxis desarrollada por el destacado pensador hispano-mexicano Adolfo Sánchez Vázquez” (Guadarrama González, 2008: 35).

 

El terreno por sobre seguro, por más que sean senderos de bosque (como lo metaforizo otro reconocido, por el gueto, o continuador del diálogo intergeneracional que se da en llamar filosofía, pensador alemán) debe atenerse, necesariamente, para sus consideraciones, sus finalidades hipostasiadas, a lo escrito, a lo académicamente aceptado, jamás puede estar navegando en un éter no comprobado como una tradición oral, en lo indeterminado de una danza, de un ritual, de un contemplar un amanecer, consustanciado en el ser ahí, desde lo que se es, con la pachamama o con la madre naturaleza. De allí, la necesidad que tuvimos en traer a colación la hipótesis del posible diálogo platónico no comprobado, la necesidad de verdad, de esa verdad ciencista occidental (que nunca pudo arrojar ni un ápice de luz ante el fenómeno más trascedente de lo humano, que es, ¿qué ocurre y porque ocurre la finitud o la muerte?) no tolera, no acepta, no asimila, no absorbe nada que no sea tal como dispusieron sus reglas antediluvianas.

África y Latinoamericana, sin embargo, colonizados, conquistados por ese occidente reglado y reglamentador, no sólo que vieron imposibilitadas sus posibilidades de que se conocieran sus distintas formas de relacionarse con las primeras y últimas cuestiones de lo humano, sino que tuvieron que deconstruir, decodificar, lo impuesto, asimilarlo y reconvertirlo a su interpretación y con ello reescribir lo que se les había dado, o impuesto como lo que debiera ser.

Quien llama a los pueblos africanos “no desarrollados” o “subdesarrollados” está empleando una terminología eurocéntrica que el africano mismo no es capaz de comprender. Un africano no planifica el futuro y, no porque sea particularmente pusilánime ante la realidad por venir, sino porque no concibe que el tiempo tenga esa medida. El centro de atracción de la medida del tiempo es el Zamani, en donde pululan cantidad de mitos explicativos del origen del mundo, del ser humano, del silencio de los dioses ante el hombre, de la llegada de los humanos a la tierra de los antepasados. El sentido yace en el Zamani.

Como observamos a continuación, las problemáticas, más allá incluso de las barreras idiomáticas y geográficas (recordamos de todas maneras, que de acuerdo al proceso conocido como “Pangea”, hubo un tiempo en que África y América del sur formaban parte del mismo bloque continental) no dejan de ser similares, sincréticas, independientemente incluso de aspectos etnográficos e históricos, si bien ambos continentes, formaron parte de un proceso que los tuvo igualmente de víctimas ante la irrupción y la dominación perpetrada por la razón iluminada, por los hijos o alumnos de la filosofía universal, lo cierto es que existen ciudades populosas, que históricamente han sido sincréticas (por ejemplo la Primera capital del Brasil, San Salvador de Bahía) y que desde aquellos años de fustigación, propone, en esa convivencia, en ese maridaje o consustanciación entre lo Africano y lo Americano, fenómenos o expresiones culturales que trascienden lo meramente artístico ( ya expresamos la religiosidad, el carnaval, la danza-ritual de la Capoeira, o el Olodum, como ya manifiesto filosófico aglutinante del orgullo de ser).

 

“Fanón, desde el ángulo de la dependencia Africana se plantea el problema de la dependencia y el de su necesaria correlación el de la liberación de los pueblos bajo colonización. Planteamiento que transforma la vieja preocupación universal, por lo que se refiere a hombres y pueblos que han entrado en la historia bajo el signo de la dominación colonial. Así lo reconoce ahora el pensamiento, o filosofía, de la liberación, que se hace simultáneamente expresa en nuestros días en América Latina, Asia y África” (Zea: s.f:209).

 

Como expresáramos de lo que se trata en el fondo es de volver a definir de que se trata o que es lo que trata o debería tratar la filosofía.

La definición conceptual de filosofía ha sido inquietud de diversos filósofos a lo largo de la historia, dejando como resultado innumerables concepciones en diferentes contextos y épocas. Cada concepción permite darle un enfoque de acuerdo a la definición que se tenga, no existe una respuesta única y una definición exacta de lo que es filosofía, cada filósofo la caracteriza de acuerdo a sus presupuestos teóricos; es por ello que uno de los principales debates y discusiones tradicionales del ámbito filosófico es su definición. Es pertinente dedicar un espacio para conceptualizar el término filosofía. Para el presente trabajo se asume la perspectiva de que:

 

“La filosofía es el arte de formar, de inventar, de fabricar conceptos […] crear conceptos siempre nuevos, tal es el objeto de la filosofía. El concepto remite al filósofo como aquel que lo tiene en potencia, o que tiene su poder a su competencia, porque tiene que ser creado” (Deleuze y Guattari, 1993: 8).

 

O como se observa concomitantemente en el siguiente autor:

 

“La filosofía como creación de conceptos busca encontrar nuevas maneras de pensar que conducen a nuevas maneras de relacionarse, ver, entender y escuchar el mundo. Con ello se generan encuentros para vivir otras experiencias. La creación de conceptos permite la crítica y al mismo tiempo la creatividad, es decir: “Los filósofos se pueden clasificar en edificadores (creadores) y sísmicos (críticos); en los dos casos los conceptos se convierten en movimiento y vehiculizan la creación y la crítica; la creación deviene de la crítica y la crítica deviene de la creación” (Pulido Cortés,  2009: 96).

 

La creación de conceptos se convierte en una nueva posibilidad, un acto particular y no una designación que limita la sensibilidad y la experiencia propia, no es un concepto dado, tampoco se impone, sino que es el reflejo de un acontecimiento.

 

“Los conceptos no nos están esperando hechos y acabados, como cuerpos celestes. No hay firmamento para los conceptos. Hay que inventarlos, fabricarlos o más bien crearlos, y nada serían sin la firma de quienes los crean” (Deleuze y Guattari, 1997: 11).

 

“El concepto no está hecho sino que es una invención del filósofo que se conecta con la realidad, una experiencia que convierte los conceptos en temporales y no en universales, es así como los conceptos no son dogmáticos, ni una imposición. La filosofía se encuentra con la creación, pues este encuentro permite construir nuevos pensamientos que fabrican el concepto para repensar constantemente los acontecimientos del mundo”. (Mariño Díaz, 2012:194)”.

 

Inveterada costumbre, como contradictoria y de resultados inciertos, la de poner, establecer, fijar o determinar el comienzo, el inicio, el punto de partida de la filosofía tal como la venimos entendiendo desde esa inmemorialidad del tiempo. Aporías que se bifurcan en senderos sinuosos, del que nos resulta imposible apartar nuestras pisadas, fijamos en esta exploración, el adentrarnos en la perspectiva, en el camino, sino recurrido o recurrente, de lo poético como disparador, como punto cero, agregándole la exhaustividad, probablemente irreverente de considerar el texto homérico, el primer verso, de la Ilíada como ese instante perpetuo, esa perpetuidad capturada a la luz de lo que consideramos inteligible, filosóficamente aceptable, el dial de la sintonía para este largo, como pretenciosamente sempiterno, dialogo  que establecimos, con el renunciamiento expreso a una conclusión o a elementos concluyentes, pero del que no podemos o no podríamos renunciar a fijarle un principio determinado, específico, que combate ante el desparpajo omnisciente de la incertidumbre del arrojo existencial del que somos parte.  Y por ende, al dinamitar ese principio formal, forzado y metodológico, y poder situarla en la poética Homérica, ¿cómo no podemos ubicarlo en la poesía o en la danza africana?, ¿quién y bajo que vara filosófica, entendida esta como lo argumentados, podrá decirlo que no lo es lo que constituye una filosofía menor en relación a otra, que sólo varía en diferentes concatenaciones de palabras.

 

“Los elementos fundamentales de la función profética parecen ser los mismos en todas partes. En cualquier sitio el don de la poesía es inseparable de la inspiración divina. En todas partes la inspiración lleva consigo conocimiento – del  pasado en forma de historia y genealogía; o de lo que no sabemos del presente, comúnmente en forma de información científica, o  del futuro, en forma de profecías en sentido estricto. Su conocimiento siempre se acompaña con música, vocal o instrumental. La música en todas partes del medio de comunicación con los espíritus. Invariablemente encontramos que el poeta y vidente atribuye a su inspiración al contacto con poderes sobrenaturales y cuando lanza sus profecías, su ánimo se ve exaltado y se aleja del que tiene en su existencia normal. Generalmente encontramos en todas partes un procedimiento reconocido por el medio del cual se provoca el estado profético cuando se desea. Las elevadas pretensiones del poeta y vidente se admiten universalmente, y el mismo alcanza una posición social privilegiada donde quiera que se encuentre” (F.M: 120-122).

 

La reacción Maxista o Eurocéntrica.

Ese amanecer intelectual de un occidente en donde atardece por necesidad, sedimentó el giro eurocéntrico, pues en Latinoamérica (como espacio no geográfico, sino más bien conceptual, en donde abrevó el continente Africano, básicamente por el tráfico de esclavos) la reacción ante esa opresión, enmascarada en el dios de quiénes impusieron las reglas, sociales, educativas, morales, y religiosas, se dio necesaria e imperiosamente por intermedio del marxismo.

Como podremos observar se dio, y como decíamos, por intermedio de una reescritura, o resignificación, de ese concepto tutelador europeizante, que en ese occidente imponedor, discutía otros conceptos y categoriales con la religiosidad y con lo político, y que se tradujo en nuestras tierras como, revoluciones atestadas de armas y de violencia, pero que paradojalmente siempre recurrieron, tanto en unos como otros (es decir los que estaban a favor y los que estaban en contra) a los sectores más desposeídos, marginales y pobres.

Dos casos resultan paradigmáticos. Uno sucedió en el Perú, cuando el licenciado en filosofía Abimael Guzmán, decide, inspirado en el fundador del comunismo en su país, el intelectual José Carlos Mariátegui, crea “sendero luminoso”, que no era más que un giro literario invertido, que utilizaba el amauta , para señalar que su país debía seguir el luminoso sendero del marxismo. No casualmente el llamado forjador de la Peruanidad, exclama lo siguiente, al parecer defendiéndose de lo que parece una acusación de eurocéntrico:

 

“No faltan quienes me suponen-replica Mariátegui-un europeizante, ajeno a los hechos y a las cuestiones de mi país. Que mi obra se encargue de justificarme, contra esta barata  e interesada conjetura. He hecho en Europa mi mejor aprendizaje. Y creo que no hay salvación para Indo-América sin la ciencia y el pensamiento europeos u occidentales. Sarmiento que es todavía uno de los creadores de la argentinidad, fue en su época un europeizante. No encontró mejor modo de ser argentino” (Rouillon Duarte, G, 2013: 9).

 

No continuaremos la búsqueda imposible de razones en la sinrazón terrorista, que dejo un luctuoso saldo de decenas de miles de muertos a manos de “Sendero Luminoso”, pero sí es necesario volver a consignar, que tanto el hacedor de esta organización delictiva, como su involuntario inspirador (Mariátegui), se reconocían (Guzmán incluso se autoproclamaba la cuarta espada del marxismo) como Marxistas al punto de; uno ser el fundador de la expresión política del mismo y el otro su expresión en el hacer de la “revolución proletaria”, en la Latinoamericana república del Perú donde les toco nacer y decidieron vivir y hacer  vivir a sus compatriotas, la interpretación que le dieron a los conceptos de un pensador profundamente europeo, cuando no específicamente germanófilo.

Años después brota de las mismas tierras latinoamericanas, esta vez algo más al norte, en México, un nuevo fenómeno, vinculado con la filosofía académica, pero que necesariamente, como en el caso de Perú, se disrumpe, se discontinúa, se sale de aquel concepto de forma como de fondo, profundamente eurocéntrico, de congeniar o ensamblar, tanto el rigor metodológico que conlleva a enclaustrar la verdad, como lo hicieron en forma plena en el medievo y el monopolio ejercido, tanto de ambos lugares del poder educativo (educadores como educandos) desde el  entronizado concepto, ya movimiento ideológico del marxismo. El “brote” mexicano se denominó la insurgencia Zapatista y años luego sabríamos que el líder, Rafael Guillén, pertenecía a las filas filosóficas de la universitas, y si bien, siempre dejo en claro no ser Marxista, no tuvo eco en preconizar que no se lo catalogara de tal manera (más que nada para la prensa) con la diferencia, sobre con todo con Guzmán (que incluso se declaraba la cuarta espada del comunismo), que las propias producciones escritas de Guillén, indudablemente profusas, le  valen una chance, una posibilidad de salirse de esa etiqueta autonómica, asequible a todo aquel que con el solo hecho de plantear aspectos diferentes a lo establecido es indefectiblemente catalogado como un hijo dilecto de la filas del marxismo.

Como expresábamos en relación a Guillén, podríamos afirmar que toda su obra escrita, no solo es una justificación a su “polémico hacer”, o su posición en el mundo, sino que también es un tratado completo para no ser considerado, catalogado o etiquetado como Marxista, pero para ello inevitablemente o indefectiblemente, sus considerandos han abrevado, en mayor o en menor medida en el marxismo o neo-marxismo.

 

“Una de las falacias neoliberales consiste en decir que el crecimiento económico de las empresas trae aparejados un mejor reparto de la riqueza y un crecimiento del empleo. Pero no es así. De la misma forma en que el crecimiento del poder político de un rey no trae como consecuencia un crecimiento del poder político de los súbditos (antes al contrario), el absolutismo del capital financiero no mejora la distribución de la riqueza ni provoca mayor trabajo para la sociedad. Pobreza, desempleo y precariedad del trabajo son sus consecuencias estructurales” (Recuperado de “http://www.cgt.es”)

 

Por supuesto que hemos citado estos ejemplos, sin hacer hincapié ni historicismo, de los procesos políticos (sustentados ideológicamente en lo que se dio en llamar “El marxismo”) que se dieron en Latinoamérica como en África durante el proceso mundial conocido como “Guerra fría”, pues sin ánimo de equivocarnos, probablemente estaríamos en un porcentual muy alto de vinculación, determinando que el concepto del marxismo, como respuesta al teocentrismo, se dio como una respuesta desde el ámbito de la academia, que por veleidades romántico-revolucionarias (recordar en aquellas décadas los conceptos del compromiso intelectual y de los reduccionismos como ideas movilizantes “Pidamos lo imposible” como consigna insignia) derraparon en procesos políticos de facto, pero que surgen como planteo- educativo formal que se elucubran desde las usinas de poder universitarias.

Para ponerlo en términos más claros, el erario público, que sostiene cada una de las universidades de estas partes del mundo, deja de estar presente en otros ámbitos, tan o más necesarios para la mayoría de estos pueblos, es decir, el pupitre de la universidad y el pizarrón, significa y representa una anestesia menos en un hospital, una puerta menos en una casa para una familia indigente.

Sin querer significar otra cosa de lo que afirmamos simplemente queremos preguntarnos y preguntar. ¿Cómo le ha devuelto la filosofía esta inversión a su comunidad? ¿Le ha brindado acaso un sistema político, educativo o social nuevo? O ¿Ha fomentado cierto onanismo intelectual, en donde en el mejor de los casos, como subproducto o como resultante brindó tanto a su comunidad como a la comunidad internacional, no sólo decenas de miles de tesis doctorales que duermen el sueño de los justos en libros que nadie lee, sino también doctores que colonizados en sus conceptos eurocentristas no colaboran o contribuyen para que pueda darse la posibilidad, que desde las aulas o fuera de ellas, pensemos en términos más relacionados con nuestras características y peculiaridades culturales?.

La respuesta la brinda lo que se da en llamar filosofía de la liberación, que no casualmente, se desdobla en una teología de la liberación, donde lo central y lo fundante es tal como expresara Cerruti, mediante Dussel, (actores principales y fundantes de lo filosófico en Latinoamérica)  en la opción por los pobres, en una vinculación con el habitat, con lo dado, con lo originario, no sólo no invasivo e integrador, consustanciado en individuo y comunidad, sino también, libre de finalidades, para las cuales haya que respetar, a rajatabla, procedimientos metodológicos, estrictos y cercenatorios del sentido más profundo de la libertad.

La opción por el pobre, por aquel cuya ausencia de algo básico, horada, percude su condición de humano, es la síntesis, (para que los eurocéntricos nos entiendan, en términos hegelianos si lo desean) es la abreviatura, es la simbiosis, de lo que fue entendido, o mejor dicho impuesto, bajo los términos nominalizados como Dios y Marx.

Lo que puede significar, un pensar que entendamos nosotros mismos como latinoamericano, converge necesariamente en los conceptos arriba mencionados, pero interpretados necesaria y básicamente, como la opción por los pobres.

Pensar a Dios y Marx, como algo más allá de su vinculación con el otorgar respuestas al condicionamiento del pobre, es seguir sujeto a las imposiciones que esos conceptos nos traen o nos vienen, arropados o contaminados de un eurocentrismo, del cual debemos necesariamente salir, o del cual debemos desintoxicarnos, sin que ello signifique atacarlo o negarlo.

La dictadura del proletariado, la plusvalía, el sentido de culpa y el paraíso celestial, no deben ser playas en donde debamos llevar el barco de nuestros pensamientos, nuestros pasajeros hace tiempo que nos vienen indicando de la no existencia de puertos posibles, en tal eterno transitar, no son pocos, los desafíos que recurrentemente se nos presentan en alta mar, pero ninguno de los mismos lo resolveremos dirigiendo el navío a lugares inexistentes en nuestras latitudes y por ende ninguna de las cartas de navegación  editadas en aquel occidente tutelador nos puede resultar decisivamente necesario, útil o mucho menos indispensable.

En Latinoamérica, esa profunda, descontaminada de la egida eurocéntrica, se filosofa, es decir se vive en armonía con el logos, al modo semejante que en África, donde el vínculo es mediante la danza (Kaumbaaa), los conceptos de Dios y Marx, no tienen nombres, o en el caso de que los tengan no son usados para dominar o controlar como en las usinas de poder intelectual que occidente llama universidades.

Conclusiones.

La exclusividad excluyente de pretender un mundo, en manos de un solo creador, interpretado por hijos dilectos o profetas, socava la armonía de quiénes depositan sus expectativas en aquello que provenga de sus sentimientos más fidedignos (que por lo general son múltiples, contradictorios, la caótica efervescencia en la que se manifiesta la libertad) éstos convertidos por la sujeción o conversos por condicionamiento, no tienen problemas después, de vehiculizar esa violencia, esa ira, ese odio que cultivaron en ellos, en actos de violencia, en heridas desgarradoras, diciéndose adalides de ese dogma que los ha vejado, están prestos a perpetrar cualquier tipo de tropelía en contra de esa humanidad que ha permitido que les supriman el derecho de creer en lo que rayos hubiesen querido. Aquel proceso de conquista, durante años velada o solapadamente descripto como descubrimiento. Concepto que en verdad es clave, pues vincula indiscerniblemente como lo eurocéntrico, considera, en forma unívoca, cómo los procesos de conocimiento, y los que subsidiariamente se desprenden del mismo, (educación e institución) están indisociados de la fuerza ejecutante del que impone, a espada y fuego, en nombre de las buenas razones del más allá, que se aplican con la inusitada e inexplicable violencia del ser sobrenatural que en otra vida, perdonaría todos estos excesos, a costa de que se le endilguen mayores adoradores de su dualidad y oscilación de valores tan opuestos como la guerra y el dolor, como la paz y la felicidad.

Esta radicalización, por no decir talibanización, descansa en el apotegma inescrutable de que les espera otra vida en un más allá imposible de escudriñar por nuestras falencias de las que en un segundo término, operan como persecución, en quiénes dictaminan que la falta de fe en tal trascendencia, puede resultar pecaminosa como ignorante, pero en igual caso, pasible de ser sancionada, excluyendo, nuevamente, al ya considerado marginal que no se atiene a lo establecido, como lo único, que para no ser presentado ante el mundo como arbitrario, se han permitido, subdividirlo en tres vías, que son ni más ni menos que la tríada conceptual monoteísta que impera en el mundo del logos, en el mundo de los conceptos. Las otras manifestaciones humanas, variopintas y por lo general, politeístas, no poseen otras consideraciones más que de carácter multicultural, exóticas, estrambóticas, o dignas de ser retomadas como si fuesen modas circunstanciales solo asequibles para señores ricos y aburridos, con derecho, ellos sí, a cualquier cosa y todo.

Lo más preocupante, de lo que aún no se discute, o no se ha planteado, todo lo otro si y básicamente por historiadores y políticos (es decir la relectura del descubrimiento a conquista), es la socialización de esta discusión, pues sólo fue abordada desde el bostezo de lo filosófico,  esta violencia, esta corrupción imperial, esta vejación al espíritu múltiple del ser humano que es el substrato de su ambición de libertad, permite que vivamos y que continuemos viviendo bajo un mundo, supuestamente seguro, tendiente a lo armónico y pre configurado hacia una paz perpetua imposible, en donde los latrocinios se siguen llevando a cabo, básicamente, por el costo que pagamos por tener un mundo que nos pretende creyentes de un solo dios, llámese como se llame este, sus discípulos, hijos, profetas o seguidores.

Huelga destacar que no se trata de una cuestión religiosa, teísta o filosófica, es una cuestión política, o de filosofía política.

Dado que la reacción a esto, como lo expusimos, vino a resultar también una respuesta eurocéntrica, que se quedó en lo metodológico, sin siquiera preguntarse por lo conceptual. Los sectores más instruidos de esa latinoamericana, como otros sectores del globo, vejados por la conquista Europea, se creyeron aún más autorizados, por esa violencia instalada en el conocimiento occidental, que se agazapó, pérfidamente, bajo la sotana de la caridad cristiana, y del supuesto imperativo categórico de esa verdad absoluta y por ende autoritaria de la verdad, instaurada como lo universitario y académico. Allí surgió, como contrafigura, también eurocéntrica, Marx, quién de los autores de su época, debe ser quién claramente estudió, más focalmente lo social, lo político y lo económico. Los proletarios, que nunca existieron en Latinoamérica o en África, fueron forzados a ser reconfigurados como los campesinos y marginales, mal alimentados y discriminados por sus propios compueblanos, por tener un mayor ascendente en los genes de las culturas originarias. Pero sus mandantes, habían obedecido a los conquistadores y a sus herederos, cumplieron el mandato, ingresando a la universidad. Claro, cumplieron una supuesta rebeldía, o una irreverencia adolescente, leyendo a un autor que consideraba que la religión era el opio de los pueblos. Estos intelectuales y políticos, latinoamericanos, encontraron a otro tótem eurocéntrico para discutir a Dios, y como no encontraron, pues en verdad no existe, dispuesta o polémica alguna, decidieron tomar las armas y llevar a cabo, en nombre del alemán, guerrillas revolucionarias, vindicativas de aspectos puramente eurocéntricos.

Finalmente y a modo de ejemplo, no de teorizar o de agregar otro elemento conceptual al presente, indicaremos, cual podría ser dentro del ámbito de la filosofía política actual, un planteamiento que se corresponda al precepto central de la filosofía latinoamericana o de liberación.

Establecer en el día de las elecciones, como símbolo por antonomasia de lo democrático, una redefinición del contrato social, mediante lo que daremos en llamar voto compensatorio, para que los pobres, marginales o apartados de las benevolencias del estado contractual, vean compensada su marginalidad la jornada electoral para que el voto de los mismos, valga a razón de cinco, del voto de aquellos a los que ese mismo estado, contemplo en sus acciones más básicas.

). Recalcamos que esta diferenciación, no es una segmentación que disponga ninguna situación diferente calidad, condición o grado de ciudadanía, responde a los únicos efectos de la jornada electoral, no otorga derechos, ni menos aún cercena o diferencia.

El aspecto conceptual que defendemos para sostener argumentalmente la propuesta, es que para aquellos que el sufragio, el voto o la emisión del mismo, en la cuenta final de la jornada electoral vale cinco (5) se debe no a lo que hicieron o dejaron de hacer individualmente, sino lo que el estado, ha dejado de hacer por ellos, que podría sintetizarse en reducirlos a la pobreza o la marginalidad.

De allí que el término sea “Compensatorio”, es decir, todos los días y años en que el estado no estuvo para estos ciudadanos, estará el día de la elección, mediante la fuerza que le debe devolver para que el voto de estos, se diferencie de quiénes sí han tenido al estado en sus vidas o días más allá de una elección.

Este empoderamiento, o devolución, significará la posibilidad de que estos puedan defenderse en su dignidad, cuando sus representantes o candidatos a representarlos vayan a intentar seducirlos mediante la dádiva, la prebenda o el intento de compra directa de sus votos, haciendo uso y abuso de la situación de marginalidad a la que están sumidos, por ese mismo estado que nos lo defiende y que tiene como representantes a esos que van en busca de explotarlos en su dignidad, pidiéndoles que los voten trocándoles la decisión por algo puntual.

Esto generará que la legitimidad de la representación, se ajuste a derecho, pues aquellos que no tienen o cuentan con el estado que les debe garantizar al menos no estar en la situación de pobreza en la que se encuentran, siendo presa fácil de los extorsionadores del voto, como de la delincuencia (como salida económica o como mecanismo de defensa ante un sistema que los discrimina y repele), y de todo tipo de enfermedades que les produce el esquizoide mensaje de que son parte, pero no tienen lugar, ni oportunidad de sentirlo o vivenciarlo, readecuando a la democracia representativa en su instancia más crucial, simbólica y paradigmática, como lo es el momento de la votación o la elección.

Hacer visible, en la contundente forma, de que todos aquellos a los que nuestro sistema tiene afuera, valen como voto el número de cinco (5), nos impelerá a trabajar seriamente en generar una democracia verdaderamente inclusiva, más allá de los detalles de lo ideológico, lo partidario o lo cultural de cada pueblo que se precie de habitar y de convivir bajo un régimen en donde la representatividad, no tenga vicios de origen, o apañe situaciones históricas de desigualdad, injusticia y marginalidad, para sostener la perversa mentira de que todos en la misma proporción tenemos la misma contemplación del  estado, del que sí, en este caso, sin excepción todos hemos cedido en nuestra libertada política para su conformación.

Esta modificación teórica, que se corresponda en la práctica, bien podría llamarse revolución o un plan de un dios benévolo, sin embargo, no precisamos de tales conceptos como para pensarlo o llevarlo a cabo, no sólo porque otros lo hicieron con las consecuencias ya demostradas, sino que creemos estar haciéndolo desde una perspectiva que precisamente, piense sin la necesidad de tales lumbreras o referencias tuteladoras eurocéntricas, creemos haber demostrado con esta simple propuesta como podemos pensar, desde nuestro lugar en el mundo y liberándonos de los presupuestos condicionares legados por aquella conquista barbárica que se continuaron y continúan por imperativos categóricos académicos e intelectuales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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