No hay dos sin tres.

Uno de los tantos costos que exige a cambio el desarrollo de un capitalismo in extremis, o desbordado, es la pérdida de identidad de los pueblos, de sus culturas en donde está incubado. España, o su gobierno, producto tal vez de aquel trágico acto terrorista en Atocha, no atinó a otra cosa que brindar soluciones irrisorias ante un diagnóstico falso. España le debe o se debe, ante occidente, y sobre todo a Iberoamérica, un eje rector, referencial, que constituya una etapa diferente a la que ejerció como potencia conquistadora siglos atrás, pero a la que tampoco puede renunciar, o ausentarse, detrás de la falda de recetas financieras que nada tienen que ver ni con su pueblo, ni con lo que se espera, a nivel internacional del mismo. Las crisis son sinónimos de oportunidad, y el pueblo español tiene una grande frente de sí, existen datos, más allá del deseo, que van a ser uso de la misma y constituirse en un faro a tener en cuenta, sin que el mismo sea como en algún momento lo fue, condicionador, injerencista o totalitario.

Así como a nivel político, como incluso filosófico, el eje Franco-Germán, se constituye en el corazón de Europa, como de Occidente, considero que desde las fuerzas vivas, los ciudadanos, o los pueblos, debemos pugnar para exigirles a nuestros gobernantes, que Iberoamérica sea un eje que contemple aspectos que no están dentro de las recetas clásicas, que sólo nos conducen a un mundo reducido y en conflicto. Lo Iberoamericano, esta indiscerniblemente acendrado, en la justicia ante las tropelías cometidas por regímenes totalitarios, en lo que yo considero, el situar al pobre, o al marginal, como nuevo sujeto histórico de lo democrático, en amalgamar un nuevo o distinto mundo en donde quepan o al menos se intente, todos los mundos.

Así como desde hace un tiempo varios autores profesaron la vejez de Europa, yo creo que ya ha muerto, pero como toda muerte, implica una resurrección, yo creo que están en el tercer día, resucitando, he visto mucha desilusión, amargura y hasta pavor, como también una predisposición y una voluntad férrea para entender lo que les ha pasado y que rol desempeñarán ante sí y ante el mundo.

Considero que tanto Ciudadanos, como Podemos, son la expresión en ebullición, que debe madurar, de que la democracia, como sucedió en la revolución Francesa, no debe aspirar a una igualdad imposible, de hecho aún hoy en España como en otras monarquías ningún hombre puede ser igual que sus Reyes, sino que se debe trabajar en la compensación, en llevar la presencia del estado allí donde no ha estado, y de redistribuirla en donde estuvo en forma omnipresente o abusiva, en los sectores más privilegiados, que se ha comprobado, que ni siquiera pueden gozar de esos privilegios ante comunidades tan descompensadas o desiguales.

Sin embargo y en vistas  a una irremediable, tercera elección a la que conducen, las fuerzas políticas, sean estas nuevas o viejas, expresando lo que expresen o expresaren, a todo el conjunto de la hispanidad, como si fuese una cuestión laberíntica, de encerrona o generando cierto hartazgo, valdría la pena señalar un aspecto crucial de lo democrático que debería ser revisado.

El bien jurídico mayor de cualquier ciudadano ante un derecho colectivo es que le sea garantizado una vida en democracia, y cuando esto no ocurre, el mismo ciudadano debe agotar las instancias para llevar adelante este reclamo en todas las sedes y ante todas las instancias judiciales. No podrían objetarse ante esto, cuestiones metodológicas o de fueros, la justicia en cuanto tal, debe preservar y hacer cumplir el precepto democrático por antonomasia, que los candidatos de  los diferentes partidos se elijan por voto popular, sean únicamente de los miembros de los respectivos partidos o de estos y los independientes.

A diferencia de lo que podría ser un artículo en el ámbito académico, o en las fundamentaciones para respaldar proyectos parlamentarios, no creemos necesario el citar lo mil y un autores a los que claramente le podríamos hacer decir algo que sirva de referencia conceptual o intelectual. Sería un despropósito, pues creemos que nadie, que sea medianamente citado en forma razonable, se desempeñe en el ámbito jurídico, filosófico o intelectual en general, estaría de desacuerdo, con que primero es la democracia, luego los partidos y finalmente los candidatos presentados para representar a los ciudadanos, que otorgan o ceden sus derechos  políticos mediante el voto o sufragio, esta cadena o círculo que se le enseña a cualquier niño en los primeros tiempos de ciencias sociales o educación cívica, es básicamente de lo que trata cualquier definición acerca de la representatividad y la legitimidad de la misma, estamos hablando de lo democrático, de su esencia y de su razón de ser.

Sería más fácil que encontremos autores que respalden sistemas políticos democráticos en las formas, pero no en los hechos, que puedan sostener que lo más determinante son estructuras o pilares que se les llama partidos, o movimientos políticos  y que no importa como escojan sus candidatos, sino que a partir de estas estructuras nace o surge lo democrático. Llevar a cabo una argumentación en este sentido, sería, en la metáfora coloquial, poner el carro delante del caballo, y ninguna persona con sentido común o respetando el principio de no contradicción podría defender que existan distritos en una democracia representativa en donde sus partidos válidos no eligen sus candidatos mediante voto del soberano.

Finalmente y sí bien tampoco el presente pretende ser los inicios de una tesina que precisa de su confirmación en el terreno fáctico, la comprobación en el campo, es rápida y fácilmente demostrable con lo que sucede en un distrito en donde la ley no determina que sus partidos deban elegir sus candidatos representativos por elección, violando lo democrático o socavando su razón de ser, como puede dar testimonio el pueblo español, adscriban al partido, incluso que así lo hicieren, demostrando que esto ha sido motivo o razón, de los grandes quiebres internos de los últimos tiempos en los diferentes espacios políticos españoles.

Como si fuese un partido de domino, la caída de la primera ficha, arrastra al sinfín de las mismas, probablemente, cuando termine de caer la última, el juego dejara de llamarse democrático, para bien o para mal, estaremos en la semántica de otra forma de gobierno, no sabemos si estamos más cerca o más lejos de esto, pero lo que sí, presumimos que estamos en un sendero que nos conduce a ello, inevitablemente.

 

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